miércoles, 9 de febrero de 2022

Drake el cerdito valiente

Veo a una juventud desesperada, avocada en construir un espantapájaros con los restos de un pasado romántico, los veo convertirse en líderes, en remedos de empresarios, emprendiendo tareas ridículas, poniendo su ladrillo para un futuro que no les pertenece.

Déjame decirte algo chaval, comencé a ser feliz cuando dejé de competir, cuando me convertí en un atleta del conformismo, un arma letal contra el capitalismo Avant-garde. Fracasé como ciudadano, pero no como ser humano, siempre se puede caer más bajo, Dios nos bendijo con esa condición.

No hay nada más simple y llano que la muerte; a su lado, un diminuto punto negro es un escándalo barroco, no temas a la caída, el barril no tiene fondo.

Es el tiempo de los viejos, viejos por doquier dando órdenes en todos lados, hasta en la maldita almohada, pero sabes qué maestro, estamos solos en el universo, limítate a tu propio tiempo, estamos desapareciendo, y en cuanto a los viejos no les hagas caso, no importa que sea el viejo número uno, sabes a quién me refiero, al que organizó todo esto. Necesitamos más jóvenes enamorados, de esos suicidas que amanecen colgados en un puente medio despintado, ¿alguna vez has entrado a un manicomio? Jajaja pero a los de verdad, no a esas iglesias llenas de suicidas sin pelotas, exacto, necesitamos pelotas para cargar con este peso de tiempos apocados.

Y antes de que te vayas chaval, no te creas que no te escucho, pero créeme, la verdad es transitoria, en un par de horas estarás follando con esa chica que tanto te gusta. Así como los perros, follan, se van y salen a buscar comida, pero nuestro alimento no es solo terrenal, creo que tú me entiendes...

Esas fueron las palabras  que Drake guardó en su joven corazón . Nació cerdito, pero las palabras de el señor León le conmovieron hasta las entrañas. A pesar de todos los privilegios que mecieron su esperado nacimiento, a temprana edad se decantó por las buenas causas, y la duda fue su moneda de cambio ante cualquier situación mundana y metafísica.

León, el jardinero, fue ejecutado cuando se negó a participar en las faenas diarias, nunca intentó enmendar su error. Los demás animales de la granja fueron testigos de su muerte, y no dudaron en ponerse a trabajar. Lo acusaron de bestialismo, cuando se le vio hablando con los animales. Pero Drake, el cerdito valiente, no cedió, y derribó de un empujón a su amo. Todos lo tomaron a broma, y lo "castigaron" colgándole la medalla de "miembro distinguido" de la granja. 

Los padres de Drake, cerdos de raela, eran ampliamente reconocidos en todo el país. Sus dotes para la crianza y las buenas maneras eran imitadas por los demás cerdos, que se regocijaban por su buen gusto a la hora de elegir el lodo. La esmerada educación que le proporcionaron a Drake se hacía evidente a la hora de presentarse en público, el hocico orgulloso, que apuntalaba su sagaz mirada, era el remate perfecto de su osada personalidad, siempre al acecho del error y la mentira.

Drake era consciente de su elevada posición dentro de la granja, de sus privilegios inauditos, como el comer en la mesa con sus amos, los señores de la casa. Y su pensamiento se debatía, entre la justicia y el honor de pertenecer a la alta sociedad animal. 

Cada día se hacía más pesado, cada respiro era un gesto de hipocresía, y cada privilegio era una serpiente en la boca, buscando salir hacia el exterior. Cada mimo era una falsa moneda, que hacía palidecer su honor, así que, un día cualquiera, en vez de mostrar su rosado trasero a los invitados, decidió arrojarse al arroyo que circundaba la granja, no gritó ni gruñió, pero a pesar de todo, nunca pudo quitarse la medalla de "Miembro Distinguido".

Todos creyeron que fue un accidente, sus amigos cerditos aún creen que deseaba convertirse en el numero uno de la estirpe animal. Nadie fue capaz de ver su sincero heroísmo trágico, tal vez porque sus pensamientos siempre reposaron sobre lujos materiales. A pesar del disgusto y el asco hacia los privilegios, jamás los abandonó para sumergirse en el fango de la mendicidad y la mediocridad existencial. Su capacidad para distinguir el buen lodo nunca fue mermada.

Lluvia de verano que en sueños galopa

Soles aguados y cristales de salvia

Finiquita tu ojo pardo, gallardo

Y encuentra, entre todo el holocausto

¡El susurro del canto anunciado!

Fueron sus últimas palabras, grabadas sobre una vieja hoja de papel. Drake, aunque rudamente, sabía escribir.




 

jueves, 30 de diciembre de 2021

El Nische

 

Bestias sulfurosas roían sus pensamientos más profundos, soñaba con despertar en algún palacio romano, litigando contra Dios o contra el Diablo, mientras su espíritu se elevaba hacia horizontes eternos. La noche caía dulcemente y el solaz veraniego era un delicado descanso, en recompensa por la planeación y ejecución de las ideas más robustas y soberbias de su post-humanidad. Más bien, cabría hablar de su pre-humanidad, porque no  se puede considerar humano a quien piensa como fiera de caza, y vive al compás de los instintos más profundos, mientras su cabeza se mece entre regazos de bestias innombrables.

El invierno era su estación favorita, los témpanos eran más bellos, más adustos y fríos.

El ocaso era un sueño cercano, cada vez más cercano, cada pensamiento calibraba sus ideas más firmes, las ideas de una revolución de espíritu, un zarpazo ético de corte nietzscheano, pero basado en una dieta estética de estricto "filosofismo" material.

Los Ángeles lloraban cada vez que sus pensamientos contaminaban sus plegarias; el mismo Lucifer vaciló cuando vio que sus sueños eran superados en majestuosidad por los de Varg Vikernes. La razón se convirtió en un pretexto de su osadía y el black metal en un vehículo de su pantone ideológico-musical.

Noruega fue su patria, pero el infierno fue su hogar. El frío templaba sus emociones, asegurando una razón griega clásica con adornos escandinavos. Las runas que desfilaban en su pensamiento en realidad eran saetas del más allá, un grito lejano de desesperación, un intento por salvar el vacío interior.

Sus ojos de alabastro veían pasar la vida en cámara lenta, un soplo de coníferas vacilaba al pasar por sus orificios nasales, y su imaginación desplegaba sus alas para irse a lugares ignotos, lugares bellos y desconocidos ¡Oh sabiduría, oh esplendor de ecos livianos, fortalezas de oro que encubren al que reposa su cabeza en los trazos de Solón!

Pero cuando uno se decide a "la vida", tiende a forzar los lazos de la comunidad y la moralidad, provocando no sólo una convulsa tentación de "vivir", sino un torbellino de ideas que se expresa casi siempre, con la misma humanidad del que evoca las pesadillas del inferno.

Su natural pragmatismo y euforia espiritual lo llevó a involucrarse con el inner circle. Los incendios de iglesias llegaron pronto, de repente la noticia salió en los principales diarios del país. Estuvo preso por ello; pero ello era un simple juego de niños, incluso el asesinato de su amigo de andanzas musicales; después de todo, no fue tan difícil asesinar a un burgués disfrazado de rebelde.

Con su liberación, fue a probar suerte en tierras más hostiles y salvajes.

Por azares del destino terminó en una cárcel mexicana, por un delito común en el país: violar y matar a una menor de edad a cambio de una cantidad ridícula de dinero.

Después de asesinar a su compatriota creyó conocer los terrores más furibundos de los hombres. Craso error, la brutalidad y la bajeza no tienen fondo, y lo pudo constatar durante su corta estadía en el penal conocido como Almoloya de Juárez.

La ideología burguesa ha conquistado el corazón de los ciudadanos de países desarrollados, al punto de creer que los valores éticos son universalmente compartidos, que siempre habrá un atisbo de razón, una luz que ilumine el fango, aún  cuando seamos conscientes de haber roto el pacto social.

Como sucede siempre en los países menos "civilizados", la justicia tiene un precio, y en un principio, Varg se negó a pagarlo, confiando demasiado en su fortaleza moral y física.

Aun el haber violado y matado a una niña le daba una posibilidad de salir impune en este país chabacano. Sin embargo, su corazón triunfante anhelaba conocer a esas bestias de la humanidad, esos homúnculos brutales  que habitan las cárceles mexicanas.

El natural desprecio que sentía hacia las culturas inferiores, se transformó en un amor, no idílico, sino fatal.

El sueño se confundía con la vigilia. Desde su llegada al penal se convirtió en la prostituta favorita de presidarios sin piedad, que le llamaban "la nische", seres desalmados que lo obligaban a usar minifalda y moños de colores. Lo sometieron sin dificultad, decían "mira a la güera, está bien sabrosa" "presta pa' cá", "a ver mi amor te habla el pelón" y demás bajezas dignas de un calabozo de perros sarnosos.

La primera vez que se resistió fue terrible, lo atravesó un palo de escoba, y ello no fue como un honorable empalamiento medieval, sino una grosera falta de respeto a sus partes más nobles ejecutada por las gentes más groseras y estúpidas de la estirpe humana. Su orgulloso orificio anal fue perforado y atropellado por los miembros más sucios y salvajes. Tuvo que sentir la fuerza bruta sobre su humanidad. De un golpe derribaban sus ideas más celestiales. Un galope impetuoso de golpes con fierro y cadenas salpicaba de sangre el cuarto donde supuestamente estaría a salvo. Nunca conoció jerarquías, porque él estaba en la base de la pirámide, como si fuera el miembro menos deseado de la comunidad, no sólo por haber negado al soborno, sino por su presuntuosa intelectualidad.

Su pre-nazismo se transfiguró en pre-cristianismo, una evocación de culpa y horror. Por primera vez las lágrimas poblaron su semblante, al sentir que le arrancaban su pija a mordiscos obscenos, mientras lloraba sin interlocutor; sólo contaba con las risas de los espectadores. Los reos más infames de la prisión se carcajeaban sin piedad.

Sexo, violencia, sudor, semen y música banda; su nariz y sus ojos se acostumbraron a la putrefacción que asaltaba su cuerpo. Su cara deformada daba cuenta de la vileza en que cayó.

Lo habían matado por dentro, por fuera solo era un pedazo de carne blanca, pálida y miserable, sus ojos ya no delataban soberbia sino asombro y terror. Sus libros, estaban llenos de cagada ajena, sus trastos orinados y su ropa lustrada de excreciones humanas. Así vivió un par de meses, el hombre que soñó con el despertar de una Europa pagana. Hasta que rogó a sus abogados que sobornaran a todos los que fuera necesario.

Después de salir de aquél infierno tropical, le quedó grabado un recuerdo con cincel. En su peor día de estadía, (porque aún cuando el día es malo, siempre se puede poner peor. Schopenhauer dixit), cuando un obeso de ojos rasgados lo penetraba, mientras tocaba una banda de metal extremo (por el aniversario de la prisión, que ofrecía un día de campo para la comunidad) escuchó que se llamaban Brujería, y tocaban el extraño tema "Matando Güeros". Entre el dolor, el lapsus intelectual  de peyote y los riffs de machete, sintió que vislumbraba una nueva verdad. La antigua fuerza bruta; pero no la concibió como antes, sino en todo su sentido visceral, como un navajazo inesperado en la yugular, mientras se degusta un buen platillo en algún buen restaurante.

¿Has sentido el miedo como en tu primer asalto a mano armada? ¿Has sentido el genuino odio sin razón de tu vecino? pues ahora multiplícalo por 100 y dale la bendición del Papa, y ahí tienes un bocado de sociedad.

 



lunes, 12 de julio de 2021

El Paraíso de los hombres-rata

 Al cuerpo como al espíritu hay que flagelarlo, para que cuando Dios nos declare la guerra mínimo podamos mirarlo a los ojos

 

 

Aquella frase fue mi tatuaje de graduación, cuando caí en esa nueva sociedad; fue ejecutado por la máxima autoridad de ahí, "El Sombras". Dicen que se arrancó los ojos como Demócrito, y aún así ejecuta los tatuajes a la antigua usanza, como los románticos prisioneros de las antiguas cárceles en los estados  fronterizos de país.

Nunca lo conocí, porque fui sometido por decenas de brazos y "tentáculos" al punto de perder el conocimiento. "El Sombras" o "La Sombra" es Dios en las cloacas. Los hombres-rata son los ciudadanos de la polis underground.

Es como la sociedad civil de Hegel, pero su sentido ontológico está fundamentado en el tráfico consensuado de las baratijas que caen de arriba. No es la autodeterminación del individuo que se corresponde con el telos de la razón, sino el resultado por reconocimiento del callejón sin salida que representa la supervivencia más laxa y nata.

La fuerza inescrutable del destino lleva a los hombres a tomar las peores decisiones, sin embargo, aunque pudiésemos saber lo que nos depara el destino, seguiríamos tomando el camino erróneo, porque el exabrupto es el combustible de la vida, la causa y el meollo del asunto esencial, del mortal contra el Creador.

En un arranque de locura, al ver que la Pandemia no llegaba a su fin, decidí irme a vivir a una coladera, pues después de un recuerdo de la niñez, mi memoria reconoció el lugar donde vi que salían y entraban personas como si fuera un departamento más.

Por extraño que parezca, a mi llegada nadie paró mientes en mi nula presencia, al bajar, después del golpe olfativo a podredumbre, vislumbré un banquete de unas 10 personas que compartían el alimento con las ratas. Las "ratas" es un decir, porque más allá de sus extremidades obvias, y la pronunciada quijada de roedor, aquellos seres de tamaño monstruoso gruñían y parlaban como seres humanos, incluso se hacían bromas, reían y se abrazaban. Los hombres-rata les dicen, y nunca salen de ahí, viven en comunión forzada con sus hermanos los humanos. Me atrevo a decir, que esas horribles creaturas fueron el resultado derivado de varios intentos infructuosos de copular con humanos. La naturaleza siempre tiene un as bajo la manga, y la ferocidad de sus hijos se corresponde con su astucia para violar las reglas básicas de la genética y la probabilidad morfológica y anatómica.

"Hola" les dije, y de inmediato me señalaron, unos se comenzaron a reír como si hubiera hecho una ridiculez, otros seguían devorando su nada apetitosa comida, que parecían tripas de gatos sin cocer.

Cuando desperté vi que todo había sido una pesadilla, los hombres-rata no existen, es decir, son seres humanos comunes, vapuleados por la dureza del medio ambiente donde viven, pero la natural propensión a los sueños más forzados, sometió mi imaginación para que mis ojos vieran en tales seres, una figura de roedor. En realidad, son los animales que más se parecen a los humanos. Si quieres conocer la sociedad y el alma humana debes volverte un experto en ratas. Palabra de teratólogo.

Fui aceptado en la sociedad porque al igual que todos los demás la decisión de llegar ahí fue por voluntad propia. Y la mayoría tiene a cuestas una historia terrible que contar, aunque los hay como yo, que simplemente decidieron buscar nuevos aires, y darle un respiro a su alma corrompida.

El Sombras se casó con Esperanza, una dulce mujer que falleció después del parto, su retoño se llamó Ego. Ego fue asesinado por su hermanastra llamada Locura. Sombras se arrancó los ojos después de la tragedia, y con el tiempo aprendió a ver con las palmas de las manos, (se dice que él le enseño a Jacobo Grinberg). Perdonó a Locura, su hija no reconocida. La mandó a estudiar allá arriba. Dicen que desempeña un papel importante en la Función Pública. Los miembros de la comunidad (o ¿Sociedad?) de los hombres-rata temen su regreso.

Dicen que Locura siempre  pierde la noción del tiempo y el espacio en las cosas más profundas. Lo cierto es que Locura tiene asuntos más importantes que atender como para regresar al nido que la vio nacer. Su madre, Melodía, lleva años desaparecida, pero a veces algunos miembros dicen escucharla cantar en sueños, casi siempre llorándole a su hija.

La anterior historia es un relato conocido por todos, pero la historia de cualquier otro miembro  debe ser interesante por sí misma.

Un día, sin querer, me tropecé con unas hojas, de las que apenas pude leer algunas frases, transcribo tal cual, aunque algunas palabras son de mi autoría, por lo ilegible del documento:


Soy Víctor Landeros Sánchez

actualmente travajo en jardinería

pruebo las plantas ami cuidado con sus cabesitas de bebé o me las como cuando se portan mal yumi yumi, mira como se mueven

Mi aspecto espanta a todos pero soy buena persona

aller le di de comer a los palomos

voy a ver la tele un rato

no mejor no mejor voy a ver a mis siclidos que ya estan jugando

tomen su beta  jijijiji cómanlo amigos jajaja

 

 

recuerdo cuando trabaje en la oficina cuando puse cianuro en el garrafón jajaj

que estúpidos son los humanos,

Si no se hubieran reido de mi cabello

si me tardé una hora en cortarlo con las tijeras de la escuela,

jaja las que le clavé a mi ratonsito

Te lo merecias ratonsito de biblioteca

Ah  cuando trabaje en el departamento creativo de Sueños Salubres Co.

yo ayudaba a enlutar pesadillas baratas a precio de ganga, jaja que loco

Yo mismo las probé jajaj y sugerí que hacía falta más neblina y susurro de voces ancestrales yujuuu!

Me corrieron porquese me pasó la mano y algún clienteque andaba en busca de experiencias insólitas se la tomó jajaj pendejo

Yo guardé mi propia pesadilla enlatada

se prepara como sopa esta versión hellnightmare 2.0 full...

Al rato me la tomo jijiji

Chale ya se ve raro, me la voy a arrancar con todo y pelos de colores que veo ajaj

Ese pinocho tan sádico llamado Gog, yo lo cree, fue mi hijo hasta que lo hicieron novela jjajaj

en la madre jajja

 

Lo que seguía era indescifrable. El lugar está lleno de historias de ese tipo, algunas se transmiten oralmente y otras por escrito.  Ahora recuerdo que, mientras leía esas palabras, de golpe me llegó la frase de Norma Mailer: "Tenía la impresión de encontrarme en una cueva, en el mismísimo borde de la futura civilización en compañía de los nuevos cavernícolas cerebrados, un anticipo de los siglos venideros"

Los hombres-rata son el futuro de la civilización, en la cloaca de su sociedad se están fraguando los nuevos principios que serán el resurgir de la humanidad, ya tan lisiada, tan cobarde y sin gusto musical.





domingo, 21 de marzo de 2021

Superman en tierra de indios

 

Alfredito nunca dudó de su destino, su frente nació marcada por la deshonra y el castigo nefasto de la corrección política.

A los seis años tenía su capita de Superman, sus padres lo cargaban para simular que volaba sobre todos, y ese sueño nunca lo abandonó. Sigue volando, sólo que ahora sin pañal. Sus primeros pasos en la escuela primaria fueron prometedores, no sólo por la natural afición a la pura y simple educación que le daban sus ilustres profesores, que eran pagados generosamente por su padre, sino por una inclinación llana por el saber más puro y desinteresado.

Su paso a la vida adulta fue suave, predecible y armoniosamente enlazado a las posibilidades de la clase pudiente.

El primer zarpazo de ingratitud lo obtuvo ('a quién no le pasa') de la niña de sus sueños. Una adolescente engreída, altiva, y altamente desarrollada en materia intelectual, quién le hizo ver, no sólo su rigidez moral, sino su ridícula interpretación a rajatabla de los preceptos morales grabados con hierro en su corazón de adolescente. 

Clarita se burló en su propia cara, cuando nuestro futuro héroe le regaló un poema de su propia autoría, un delicado poema con aires de Neruda. Con una desfachatez puberta, Clarita lo tiró al piso y lo aplastó con su elegante zapato de charol. Después, en su cara, le restregó el humo de su cigarro. Adiós bonito destino, hola traspiés de ciego enfurruñado.

Sus inicios en la aviación no fueron fortuitos, como en la mayoría de los hombres de talento, sino resultado de una clara inclinación a volar, una afición que cobró mayor fuerza durante un arranque de violencia en la que golpeó a su padre por un castigo excesivo (llegó después de las 6), corrió a su cuarto y la paja fue tan prodigiosa que sus sueños volaron momentáneamente, en ese líquido blancuzco que terminó en un póster de Olga Breeskin. Los sueños jamás se cristalizan en algo concreto, pero por momentos ellos nos hacen creer que estamos vivos.

Mientras viajaba, ya con su acreditación oficial de piloto, lo que deseaba no era volar sus sueños, sino convertir a los demás en partícipes de ellos; bregar día y noche para hacerte creer que algo debe valer la pena, forja el coraje de muchos hombres maniatados por la deslealtad y la desconfianza latente de sus semejantes.

Cuando se emprende un viaje, nunca se va sólo, siempre nos acompañan los temores y el rigor de nuestras creencias, hasta que un leve tropiezo barre de un tirón todo lo que creías irrefutable e inamovible, como ese barco que luce imponente en medio del océano, pero termina arrasado por una fuerza oculta que se manifiesta en las olas. La misma manifestación se puede detectar en una mirada maligna, o un certero golpe de quien menos lo esperas, y no siempre es funesto, algunas veces el que recibe el golpe, muda su piel como reptil. Una vieja enseñanza que ya viene grabada en el ADN de los propensos a meter la pata. Un recurso fisiológico, que puede hacer milagros, siempre y cuando se canalice adecuadamente, bajo ciertas condiciones, y sobre todo, si el que lo sufre decide convertirse en capitán o marinero de su destino. Pero también están los que deciden arrojarse al mar, como si el mar fuera menos peligroso que un enclenque barco, que siempre amenaza con incendiarse en altamar.

Su continúo mudar de piel, como proceso de adaptación social le llevó poco a poco a los terrenos de la fama, sobre todo por su participación en miles de productos que explotaron su ingente y prometedora imagen en comerciales de TV y alguna que otra famosa telenovela.

Hoy, el señor Alfredo Adame es, y será un baluarte de la fama, y el color de piel privilegiado en este país. 

A sus más de 60 años goza de buena salud, desea y busca a toda costa los reflectores que alguna vez lo hicieron pasearse por los Campos Elíseos  de París, y lo llevaron a sentirse un afortunado poseedor de la sangre que lo hace diferente a la gran cantidad de indios que habitan en el México; el país que, a pesar de todo, lo vio nacer.

Lo que nunca esperó tan brillante personaje, fue el proceso natural del ser humano: el envejecimiento; y eso que antes le hacía tan especial, ahora le aqueja; su piel comienza a verse marcada por cada uno de sus pliegues cada vez más pronunciados, la piel del cuello se cuelga y no hay tratamiento que lo ayude. 

Lo que antes era belleza, se transforma de a poco en un rasgo asqueroso, su piel y cabello ya no es blanco y lozano, ahora las pecas y un basto pantone de colores puebla su pecho, rostro y manos. Por desgracia para él, al ser una ex estrella de televisión, comienzan a lloverle miles de críticas e información que balconea toda su vida, toda.  Su pene, que al parecer es del promedio del mexicano y que gracias al consumo de pornografía -al alcance de la mano- el mexicano común y corriente piensa que el señor Alfredo Adame tiene el pene muy pequeño, se convirtió en el gran tema de los medios de comunicación y qué decir de las redes sociales. 

Las generaciones que nacieron en los dos-miles no saben nada del señor, a excepción que es un pinche viejo grosero, misógino y alocado que luego ponen en la tele para rellenar la programación (programación que ya no se ve, pues las personas prefieren estar revisando cada dos segundos su celular a ver a un pinche viejo grosero y misógino). 

El privilegio se convierte en tragedia para quienes no tienen raíces mexicanas pero nacieron en México, se sienten una planta exótica en un mundo de bárbaros. Se alimentan del gen europeo y se maldicen por lo mismo, por no conservar un poco más de tiempo, la belleza de sus rasgos.

Así, ni más ni menos, le pasó al personaje decadente por excelencia, representativo de quienes se sienten héroes en una tierra de perdedores, conquistados no por pendejos, sino por vergüenza, así terminan todos ellos, los blancos privilegiados, los tontos blancos, los sectarios, los Alfredos Adames.

Antes de solicitar su aprobación para la publicación de esta breve semblanza, nuestro antihéroe escuchaba el disco debut de Los Odio. Para confirmar su aprobación al entrevistador, le propinó una paliza con una sonrisa agridulce en la boca.


Autores: Guillermo Sánchez y Javier Kaleb López.




 

 

domingo, 25 de octubre de 2020

Bastardos Pretorianos

Creímos que el inmutable destino que guiaba nuestras vidas, era lo que comúnmente se conoce como suerte, pero era más que eso, era una prerrogativa, una licencia dada a ciertos individuos de la manada, con el fin no explícito de perpetuar, y mantener sana y salva a la especie. El delito y el pudor no entraban en nuestro cristalino y básico, pero efectivo "sistema de valores".

Pero un día, la iluminación llegó a Ptolomeo y dijo:

-Sólo puedes estar seguro de dos cosas, que te vas a morir, y que te vas solo, todo lo demás es tema de especulación...

Estábamos sentados, en un restaurante de comida tradicional italiana, con sus manteles a cuadros, y su fuerte aroma a olivo, y por cada mesa una botella de vino tinto. Después de una pedagógica y lúcida plática más, concluyendo con las palabras antes descritas, Ptolomeo sacó su revólver, mientras yo terminaba mi spaguetti a la carbonara; sonriente y despreocupado como siempre, mirándome a los ojos como a un hermano, colocó el cañón del arma en su boca y se voló los sesos. Mientras yo, acostumbrado al estruendo y al arte violento, terminé lo que quedaba de vino, brindé por mi fiel compañero con las últimas gotas de la botella.

 

En unos minutos llegaron los federales, los detectives y el servicio médico forense, y yo fui arrestado, pero liberado en menos de 12 horas. Yo seguí con mi vida de acuerdo a lo que estaba pintado en el pizarrón del destino, hasta que conocí a Sasha.

Sasha era de origen oriental, con modales de mexicana clasemediera y un refinado gusto por el arte plástico. Vino de visita a México por cuestiones académicas y le gustó tanto el país por su amplia cultura en términos generales, que abandonó su tierra natal para instalarse definitivamente en tierras mexicas. La conocí en alguna galería de arte, ubicada en el centro de la ciudad; me increpó por haber pateado a un perro que evidentemente intentaba comerse un bocado que traía en la mano. La primera vez que pedí disculpas fue aquél nefasto día. Me castigó con su mirada de fuego y me ofrecí para servirle como guía durante el recorrido en la exposición, porque los artistas eran mis amigos y yo su mecenas, unos pupilos más entregados a la ruleta rusa del arte contemporáneo.

Al terminar el recorrido (nada digno de mención), fuimos a comer a algún puesto de comida callejera, y hasta ese momento caí en la cuenta de que traía una criatura entre brazos. La bebé, en sus brazos, era adorable, con sus ojitos rasgados desmañanados, pestañas prominentes, y unos labios apenas visibles, miraba sin dirección ni propósito, como los ojos del perro callejero. Su naciente cabello rizado, negro, daba una sensación de ternura y sorpresiva admiración, porque había algo que no encajaba en ella, su movimiento antinatural hacia el cielo, cada vez que le hablabas.

Me extrañó que la niña no era suya, pues era encargo de su amiga, aunque la niña se aferraba a ella como si fuera su verdadera madre, y en un primer intento trató de morder mi dedo, cuando rocé su mejilla con mi pulgar.

Estábamos parados en ese puesto color amarillo y, después de comer, mientras pagábamos, me encargó a la bebé, (para buscar algo en su bolso), que ya no se mostró reacia hacia mí, se amoldó a mis brazos, pero ¡oh destino inescrutable, yo creí haberlo visto todo! La bebé tenía cara de vieja, una vieja horrible desdentada y arrugada, que me susurraba palabras obscenas, que me chuparía la pija, que me iba a matar a punta de cuchillo, y que le daba menos asco una mierda de rata de cloaca que yo... en ese breve lapso, desabrochó mi camisa, y comenzó a besarme el pezón, sin dejar de proferir obscenidades, y cuando Sasha volteó ya era una bebé normal. Ante mi azoro, mucho después, me di cuenta que estaba sangrando en mi pecho. Tuve que tirar esa camisa, porque apestaba a libertinaje y crimen.

Ya no volví a ver a Sasha nunca más, pero esa bebé sigue frecuentándome en sueños, me dijo que, ahora que aprenda a caminar va a rajarme el pescuezo mientras duermo. A veces creo verla en los ojos de cualquier bebé, a veces en la cara de algún delincuente de poca monta, pero es en sueños donde el miedo cerval se apodera de mí, dice que tiene una máscara de Ojo con Sombrero, como los Residents, y que así se va a aparecer, que no importa lo que haga, que ese pensamiento que iluminó la cabeza de Ptolomeo ella se lo susurró, que si ella quiere, un sólo par de palabras bastarán para destruirme, que su aliento es capaz de derribar árboles, que la gente común no lo ve, que ella asumirá las riendas del destino de aquellos que se creen indomables, de aquellos que no creen en la fuerza de la locura, de aquellos que se creen de corazón indómito y de voluntad de acero. ¡Maldita seas! ¿bebé?




domingo, 4 de octubre de 2020

Human Be-In

 

El fin de semana pasado, fui a un lugar al que siempre recurro cuando necesito despejar mi mente, es un lugar secreto, donde se dan citas diferentes seres extraños, algunos soberbiamente brillantes, otros tristemente abatidos, que encuentran en este espacio, un hueco de sobriedad atmosférica. Yo llegué ahí gracias a mi amigo Human Be-in, lo conocí en un callejón, tirado en la basura, maltrecho, un verdadero desastre, en medio de un muladar amenazante, donde las ratas tenían su reino. Tenía grabado en su brazo: IBM crap.

Yo lo llevé a mi casa, curé sus heridas como pude, y le ofrecí algo de comida y tragos reconfortantes. Desde ese momento, nuestra amistad se forjó en fuego, sobre todo por su erudición en rock and roll, contracultura e ideas revolucionarias e incendiarias. A medida que mejoraba su condición física, su mente abría nuevos espacios , que habían sido cerrados después de un violento choque de dura realidad. Al mes partió, pero cada quince días acudía a mi hogar, donde poníamos discos, hablábamos de cosas relevantes, como tipos de guitarras, artefactos explosivos para darle una patada baja al Gran Hermano, experiencias psicodélicas, o cualquier tema que se cruzara en el camino hacia la revolución.

Human Be-in lucía agotado, los hilos pendían de lo invisible, su estancia en los mejores eventos de rock and roll, lo habían debilitado.

Sentado, en mi regazo, un poco ebrio- Liberen a John Sinclair-

-Eso fue hace mucho- respondo.

-Aún sigue ahí, todos parecen divertirse mucho con sus teléfonos móviles. Attali tenía razón. La diáspora del poder institucionalizado, incluyendo la música, se ha dispersado, sin un punto fijo. Cada quién es su propio verdugo y su azote. La naturaleza efímera y no-localizada de la música, ha derivado en un sinsentido -¡Liberen a John, libérenlo ya!-

Nadie supo dónde vivía Human Be-in, ni cuántos años tenía, ni quién fue su creador, el muñeco de ventrílocuo siempre estaba malhumorado, con su cigarrillo que delataba su estado de ánimo, cansado, harto del mundo, un cigarrillo que apuntaba al suelo, en un ángulo triste, y desganado.

Lo llevé en mis brazos, llegamos a un hoyo funky, alguien puso algo de MC5. Sus ojos se encendieron, después se inundaron de lágrimas, sentí su leve temblor. Human Be-in deseaba morir en ese momento, recordó cuando se incendiaron las banderas gringas, cuando se vislumbró una esperanza, efímera pero poderosa.. Su emoción fue fulminante, falleció en mis brazos, tuvo una visión, lo supe cuando apuntó a la nada y gritó: ¡Kick out the jams motherfuckers!




domingo, 20 de septiembre de 2020

Paseo en Bomarzo

Cada paso que damos es un atreverse a lo desconocido, un "paso más" hacia el abismo. Durante un reciente viaje a la Italia central, tuve un primer acercamiento a lo que posiblemente sea uno de los pocos lugares en el mundo que vale la pena visitar en tierra firme.

Después de naufragar en un mar de gente agringada, con el lema tácitamente tatuado "éxito a toda costa" en su frente, y después de vadear dentro de un camión a través de una colina sepia de color triste, llegué a la entrada del parque Bomarzo.

Lo que parecía una visita más a un parque cualquiera, se convirtió en una experiencia metafísica y moral. Siempre que va a suceder algo  extraordinario, los primeros en advertirlo son los perros, (que después de sus temerosos ladridos, salieron corriendo hacia cualquier parte), y a veces, la extraña forma de la lluvia, perece augurar un destino fatal o fuera de lo común. ¿Destino fuera de lo común? La lluvia fue cayendo lentamente y de forma delicada, sobre el siniestro y hermoso paisaje que ofrecía la tarde; todos comenzaron a impacientarse.

Entre miradas temerosas, dubitativas y furtivas, algunos asistentes declinaron entrar al parque, después de que nos anunciaron que no abrirían sus puertas. Sin dar más motivo. Después de unos minutos, a regañadientes, nos anunciaron  que abrirían, bajo condición de firmar una carta responsiva.

Podías ver el saludo de los cipreses,  amenazando y bailando sus hojas en el aire estival, como diciendo : entra, si quieres saber.

Una anciana romana, con manos temblorosas leía en voz alta, un fragmento de el Evangelio de Ezequiel:

"Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila". (Ez. 1, 10). Y con un notable sudor en la frente fue llevada a las afueras del lugar, cuando en un arranque de locura prefigurada comenzó a recitar en voz alta un poema de los Cantos Órficos de Dino Campana, con espumarajos saliendo de su boca retorcida vociferó:

Luz del crepúsculo se atenúa:

Inquietos espíritus ¡sean dulces las tinieblas

Para el corazón que ya no ama!

Manantiales, manantiales hemos de escuchar,

Manantiales, manantiales que saben

Manantiales que saben que los espíritus están

Que los espíritus están escuchando…

Escucha: la luz del crepúsculo se atenúa

Y para los inquietos espíritus son dulces las tinieblas:

Escucha: te ha vencido la Fortuna:

Mas para los corazones ligeros otra vida está a las puertas:

No hay dulzura que pueda igualar a la Muerte

Ya ya ya

Oye a quién aún te acuna:

Oye a la dulce muchacha

Que dice al oído: ya ya

Y de golpe se eleva y desaparece

El viento: ¡vuelve al mar

Y oímos jadear

Al corazón que más nos amó!

Miramos: el paisaje

De los árboles y las aguas ya es nocturno

El río se va taciturno…

¡Pum! ¡mamá, ese hombre allá arriba!


 

Antes de caer desplomada, nos dirigió una mirada entre angelical y confusa.

El que vio descender al Ángel Gabriel, en realidad vio un mosquito, y los que predicen el futuro a través del humo de un cigarrillo, no están del todo equivocados, pero la forma en que se desplaza un mosquito dice más, y mucho más se puede ver a través de un ojo humano, en él, están contenidos los misterios del mundo, y yo vi en las miradas de los asistentes que esto iba a ser algo distinto, fatal, pero revelador.

Cruzando la enclenque y antigua puerta, me recibió un beso de Venus, que posó sus ojos en los míos, para transformarme en agua, y a través del río y de riachuelos, recorrí el fantástico parque. Yo flui con todo, porque ya no era yo, sino una prolongación del continuo devenir que se expresaba en el río.

Las figuras míticas y ancestrales, se iban posando en mi visión, la imponente figura de Neptuno, y los pegasos volando sobre él, mientras los cántaros despedían agua nueva, como recién salida del cielo. Vi a la tortuga gigante, desplazarse unos metros hacia el espeso ramaje, pude escuchar un verso de Baudelaire, en boca de Diamanda Galás, porque en medio de la anunciada neblina, salió de la boca de esa cabeza gigante de Ogro con la inscripción: "Todo pensamiento es fugitivo"; mi miró levemente, y volvió a internarse en esa angustiosa forma de boca. Unos metros más adelante, los dragones de piedra, iban desperezándose lentamente, y cerca de ahí, vi a Salvador Dalí bailando lentamente con su hirsuto pero elegante bigote, despidiendo mariposas que salían de su mano, naciendo elefantes diminutos, para después partir volando hacia el nefasto azul preponderantemente marino, rematado con vetas de negro arcaico, marmoleado.

Y las lágrimas de perla que claramente despedían esos inicialmente elefantes blancos, fueron cayendo en el tambaleante piso de verdor amarillento, naciendo unas flores exóticas y perfumadas de veneno almizclado. 

Al voltear levemente hacia atrás, pude ver, levantando mi cabeza hacia tierra firme, que los demás turistas estaban en el suelo, mirando al cielo, embelesados, como queriendo ignorar lo que estaba sucediendo. El aroma floral los había derrumbado, pero sin capacidad física de moverse, sus sentidos estaban altamente extasiados. La señora declamadora del inicio pasó sonriendo a todos, se escapó por entre la vereda, y yo seguí el curso del río.

Apoyándome en una piedra, salí del río, sentí mi rápida transformación de pez a reptil, como los renacuajos, , en un instante, de rana pasé a hombre. Y de un momentáneo aleteo, mis alas desaparecieron, para caer en tierra firme después de un leve desplazamiento hacia arriba; estuve a punto de volar. Y allí vi a  Hermes Trimegisto, jugando con el mundo en sus manos, que era sol y luz, que se perdió en el infinito, después con su mano señaló esa luz que cegó mis ojos por un instante. Los suyos luminosos, radiantes de alegría y confusión me invitaban a creer en el mundo. Me dijo después de un momento de contemplación: ¿Ves esa roca? escribamos algo ahí. 

Tomó mi mano y con una pluma de oro, escribimos:

Cánticos supersticiosos alabando a Moloch

Las cítaras lloran nerviosas la canción baladí

Los vestidos sellan hermosos cuerpos de vírgenes

En alusión cariñosa, se mencionan las dagas, los cuchillos y las balas

Cantaletas fibrosas molan la sangre que flota

Casi lección, casi revelación

Los demonios escondidos, adiestrados en lo marcial

Salen voluptuosos, hermosos, en acción de maldad

—Miles de velas e inciensos olor mate—

Risas incómodas

Besos aún más incómodos.


Cuando desperté ya iba en el avión, dudando de mi existencia anterior, que me llevó inexorablemente a tomar unos días de reposo. Y ahora, al recordar más claramente, llegó como un relámpago a mi memoria, recuerdo que entré en un camino secreto, una puerta que me llevó a un bacanal antiguo, del que sólo me llega a la memoria que salí de allí con una guirnalda de olivo.