Año 3015. En algún lugar de la Tierra que aún no ha explotado en mil pedazos.
Fue en la materia de Orientación Sexual, cuando Carlitos Marx tomaba clase conmigo. Debo aclarar que en el futuro, las materias tiene un nombre extraño, por ejemplo, a la clase de Aritmética se le llama Panadería y Repostería Básica, a la clase de Introducción a la Filosofía se le llama Educación Física, pero lo más extraño, es que a la clase de Carpintería le llaman Física Nuclear.
Carlitos gustaba de opinar aunque no le preguntaran, era extraño, como si un escozor recorriera su cuerpo. Fue un día, cuando el profesor comenzó a hablar sobre Economía, cuando Carlitos, como le decíamos de cariño, lanzó una serie de disparatares que causó la sardónica primero, y después risa loca de todos, incluido el profesor. Mi humilde y endeble amigo siempre quería adelantarse a todos, el profesor espetaba: cuando comprendas que vas a morir, hablamos.
El profesor habló de la locura aséptica, y aferrado Carlitos, decía que era materialmente posible en el mundo terrenal, sin embargo, insistimos en que la locura lleva a muchos caminos, entre ellos la muerte disfrazada de abnegación. Y el profesor, de apellido Hegel por cierto, citó a un escritor que le decían "El Bandido", y se dice que sólo vivió cuando murió: "Hablar de la fe significa asesinarla".
El profesor, con su serenidad de siempre, le contestó: te voy a dar un simple ejemplo de la falacia de tus argumentos. Traje una banda del futuro muy lejano. De hecho todo el futuro ya se terminó y sólo existe en los buenos libros" remató.
En la pizarra-espectacular de colores neón se escuchó "We are the Robots". La música parecía emerger de una máquina controlada por cuatro sujetos, humanoides, o androides, o dioses ¡Estaban tocando frente a nosotros en vivo! ¡Bendita tecnología, no sólo has matado a Dios, también lo has resucitado para matarlo millones de veces en un retweet.
Carlitos estaba estupefacto y comenzó a jadear, y luego a echar espuma de burbujas por la boca. No podía soportar ver esa absurda conjunción, máquina, futuro en bruto y música. Y esas burbujas que salieron de su boca eran las que convertían la primitiva luz en una serie de colores infinitos que adornaron el salón de clase que se convirtió en un concierto. Cuando explotaban podías ver la eclosión de flores extrañas. La naturaleza esconde sus secretos en la música, y los muestra a algunos cuantos afortunados.
Todos los demás comenzamos a bailar, alguien decía: ¡Oye tú baila conmigo! y las chicas bailaban con la risa proyectada en la pantalla, nosotros éramos la pantalla también, todo táctil, todo revolución y conclusión, colisión, metafísica aplicada a la pista de baile.
Esa mecánica básica, era como si los coches hablaran, como si la humanidad sólo fuese un resbalón, para el devenir de la perfección tecnológica. Ya no era la música algo material ni divino, sino extraterrestre. Y todo prendía y apagaba como un anuncio espectacular.
La muerte del ser humano es el nacimiento de la máquina-Dios. ¿Tendremos un Nietzsche robot? Tal vez las almejas contienen la última palabra, tal vez la tecnología sea un resbalón también, tal vez el Imperio de los Árboles debe esperar. Lo cierto es que la música es Universal. Ella escoge sus medios, como entelequias, como esclavos al servicio de la música universal. Tal vez Pitágoras lo vislumbró con su teoría de la Armonía de las Esferas. Pero eso ya lo veremos en otra clase. Del fututo claro está, porque en el año 2015 siguen en las cavernas.
sábado, 24 de septiembre de 2016
domingo, 24 de julio de 2016
Ahí nos vemos tío Willy
Hace algunos días regresé de
visitar al tío Willy. Como prometí desde que nos conocimos, cada año visito su
humilde morada en el estado de Georgia.
Allá, a principios de los 70's,
nos conocimos en un bar de mala muerte en Texas, cuando pasaba por ahí,
mientras tocaban los Flying Burrito Brothers. Ahí estaba el buen Willy, en la
barra moviendo el pie para acompañar el ritmo de la música. Yo me senté a su
lado, mientras bebía cantidades peligrosas de bourbon. Desde aquel entonces ya
se veía entrado en años, con su barba y su sombrero redneck. El concierto fui magistral, y Willy, a pesar de su ortodoxia
musical, apreciaba la música de aquél grupo. Durante la francachela, hablamos de política, de música, de la familia,
y sobre todo de la superioridad del bourbon sobre el escocés. ¿Por qué nos
hicimos amigos? lo desconozco, pero desde aquél día, año con año, visito su
hogar, donde su dulce esposa siempre prepara alguna comida especial para la
ocasión, oh la sweet Marie, como él
la llama, se pone colorada siempre que le canto "Absolutely Sweet Marie"
de Bob Dylan, y yo disfruto esos panecillos de moras que tan bien prepara, o el
Chili con Carne tan especial que pido para llevar.
El tío Willy vive ahora con su
esposa y dos nietos, Brian y Marc, los dos con su corte de "cola de
pato", ellos de 9 y 12 años respectivamente , a veces nos acompañan a
contemplar los bellos paisajes que quedan por ahí, mientras me cubro el rostro
con mi sombrero de paja y mastico una espiga de trigo. Los atardeceres se
filtran hasta los pulmones, y el sosiego que genera es inigualable. Su hijo
trabaja en el norte y no lo he conocido más que en fotos, que me muestra
orgulloso.
"Hey tú, qué quieres ser de
grande" le dijo Willy a su nieto, quiero ser astronauta dijo Marc, y todos
reímos, mientras Willy le frotaba el cabello, "No seas tonto hijo, mejor
aprende a tocar la guitarra". Inmediatamente recordé el poema de Raymond
Carver, porque, en efecto, también estábamos pelando palos mientras echábamos a
perder el día.
Al otro día tocaba yo el banjo y
el tío Willy su instrumento favorito, la tabla de lavar. Un instrumento muy
raro pero súper efectivo. Improvisamos y a veces Brian interviene con la
armónica. El sonido que generamos es auténtico porque es doméstico, y sólo
queda en la memoria de cada uno, o en las lagartijas que pasan por ahí.
Alguna vez el tío Willy me contó
cuando trabajó como policía, y en una de esas se encargó de detener a Keith
Richards "Esos bellacos greñudos y afeminados". No le gusta el rock,
pero por alguna extraña razón coincidimos en que los Flying Burrito Brothers son
lo que nos unió, desde aquél concierto en el bar de Texas. Tampoco coincidimos
de política, él odia a los mexicanos y votará por Donald Trump, incluso ya se
cargó a algunos compatriotas aztecas. No entiendo el porqué somos amigos, pero
cuando salimos a dar la vuelta, siempre me proporciona un arma. "Uno no puede confiar ni en su propia
sombra, más vale amigo" me dice. Nuestra amistad es extraña, pero efectiva
y sincera, aunque ambos sabemos que si alguno sucumbe en medio del desierto,
será comida de buitres, mientras el otro seguirá su camino.
En la sala principal pende de la
pared principal una guitarra de Woody Guthrie, con la famosa leyenda "This
machine kills fascists". Nunca me ha dicho cómo la consiguió, pero es su
tesoro, cual bucanero que consigue todo tipo de reliquias en tierras ignotas.
También cuenta con alguna ropa
militar del General Robert E. Lee. La guarda con mucho celo, y a veces me
cuenta anécdotas de la guerra que asoló al país durante aquellos años, mientras
masticamos elotes o bebemos bourbon, nuestra bebida favorita claro está. ¡Qué hermosa
es la vida simple, mientras recordamos las hazañas de los grandes y en el
pasado glorioso que se fue cual huracán que violenta todo a su paso!
Para compensar sus atenciones, a
veces le llevo discos de música vernácula mexicana, que tiende a ponerlo muy
contento, mientras señala al sol con su índice. Ya está perdiendo la vista, y
parece que reta al sol con su mirada de águila, como esperando que el apagón
sea violento.
"Nos vemos pronto amigo, y si
Dios me da vida seguiremos tocando y soñando con lo que seremos de grandes"
me dijo en mi última visita. Le dije: tal vez nunca seamos grandes amigo y ya
es demasiado tarde para intentarlo, pero podemos tocar la guitarra y soñar que
Gram Parsons algún día vendrá y nos dirá: oye amigo toca el acompañamiento que
hoy es un buen día para tocar.
¡Adiós amigo, nos vemos pronto!
jueves, 26 de mayo de 2016
What the hell am I doing here?
Aún éramos niños; mis primos, mi
hermano y yo vivíamos en un mundo pequeño, pero certero. Los partidos de fútbol
contra la escoria del parque, la bromas que gastábamos a la gente, a nuestro
tío, el tío víctima de la sociedad y el mundo despiadado. Pudimos haber
terminado en el reformatorio, quizá tal vez asesinado a alguien sin querer.
Sólo creíamos en la importancia
de hacernos reír a costa de los demás. Sabiendo que los castigos domésticos
eran seguros. Ya apostábamos en un partido contra los malvivientes de la calle,
o contra los hijos de las prostitutas. Nosotros éramos de casa, claro, con la
misma licencia para hacer lo que nos diera en gana en la calle. En la
televisión la Selección siempre perdía, pero en la calle éramos el Manchester
United.
Nuestros programas favoritos, las
Tortugas Ninja, los Cazafantasmas, los Simpsons, los Gremlins, el Nintendo, Reino
Aventura, las palomitas y el refresco helado. Los raspones, las golpizas en la
calle, las buenas calificaciones a pesar
de todo, el contraste de nuestros colegios; yo era afortunado, por estar dentro
de uno privado. Mi peinado a la Benito Juárez, mi vergüenza hacia la
comparación con el exPresidente, mi primer odio hacia el gobierno y hacia el
América, mis monedas de a peso, que pesaban bastante, junto con mis pantalones
desgastados de correr sin rumbo fijo. La promiscuidad de los primos más grandes
con las mujeres, la admiración de los más pequeños. La autoridad de los primos
grandes no se debatía. Sólo se debatía sobre los medios para lo que íbamos a
hacer.
Nos respetaban, incluso las
cucarachas que eran abundantes en la casa de mis abuelos, sólo se limitaban a
pasar sobre nuestros cuerpos para retirarse a lo suyo. ¡Incluso los insectos de
hoy han cambiado! no se puede confiar en un mosquito como se confiaba antes. Yo
piso lo que sea, mato a cualquier insecto sin misericordia, se han esfumado las
esperanzas de cualquier civilidad.
Parece como si nada de aquello
hubiera existido, unos mueren, otros nacen, y sigue girando la rueda de la
fortuna, con la insipidez que se agudiza a cada momento, la insipidez del mundo
futuro, que se acerca nebulosamente sin ninguna esperanza. Ya no somos nada,
hemos sido absorbidos por el mundo, para padecer las estúpidas enfermedades de
los adultos, "¡somos marionetas cuyos hilos son movidos por fuerzas
desconocidas; eso es lo que somos: nada, nada por nosotros mismos!(Büchner).
Recuerdo cuando me quedaba
mirando en el espejo durante horas, pensando si yo era real, o si detrás del
espejo estaba la verdadera vida; tenía miedo de volverme loco, de terminar en
el manicomio, hoy es mi deseo más ferviente. Esos tempranos titubeos se
materializaron años después en mi adolescencia perdida y me vejez prematura.
Aún recuerdo la primera vez que
escuché "Creep" de Radiohead, el escalofrío que me produjo, y el celo
con el que guardaba el cassette. Esa canción fue el preámbulo a la decadencia,
y cuando escuché el Pablo Honey completo entendí todo. Era la verdadera música
de los 90's, y "Creep" sólo el preludio a la "Sinfonía de la Destrucción"
(Megadeth). Todo tenía sentido a partir de entonces. La música se encargó de
armar el rompecabezas que emergió del caos. Un rompecabezas de cartón que es
lanzado a la suerte de la tormenta.
lunes, 1 de febrero de 2016
Del cielo a su mesa
¿Qué son los sueños sino la
realidad perfeccionada? Un sueño profundo, vívido y claro, sobresalta a los
humanos, porque no pueden concebir tal grandeza de la verdad misma. "La Tentación
de San Antonio" de Salvador Dalí es eso, un pedazo en bruto de realidad,
que se explica por sí misma, y cuando el lenguaje oral busca definirlo, la
razón tartamudea y se echa para atrás.
La división del cielo, tal como
la describe Swedenborg, es sólo un acercamiento superficial a lo que sucede en
lo suprahumano. Swedenborg mismo nos dice que es imposible describir con
exactitud lo que vio allá. Nos cuenta que en la división perteneciente al Cielo
Central con los ángeles más puros, hay tal armonía que la razón se confunde con
la sensualidad; es el amor puro.
Cuando tuve oportunidad de
visitar esos terrenos, desconocidos para
la mayoría de los seres humanos, fui presa del terror, pues como Swedenborg ya
había advertido, sólo los individuos más nobles y superiores pueden reconocerse
entre sí, y cuando algún intruso de sentimientos más bajos llega ahí,
inmediatamente cree que está solo y se pregunta si no es un sueño o se ha
vuelto loco, o peor aún: si no es la víspera de su muerte. El Espíritu Santo es
el comunismo del Cielo, y sus habitantes viven en función del prójimo, en un
sentido Dialéctico (véase Hegel), lo que para nosotros se proyecta en la
definición del individuo, en ellos se manifiesta en la definición del todo. Si
una paloma vuela, es porque el Sol así lo quiso, pero el Sol no se piensa a sí
mismo, sino que voluntariamente ejerce una acción que previamente se tomó
colectivamente.
Con la ayuda de un halo divino,
pude recobrar fuerzas, para comprender y ver que estaba con los ángeles
superiores, que me acariciaban con su indiferencia (no es indiferencia como la
conocemos sino un mutuo acuerdo de no molestar a los semejantes), y cuando
llegaba a ver a alguno a los ojos sólo me cegaba una luz tan radiante que me
quedaba en pantalla blanca por segundos. Mis oídos mal acostumbrados al rock and roll más pantanoso, pudieron
percibir poco a poco que en ese momento sonaba "Opus 40" de Mercury
Rev, lo cual no me causó sorpresa, pues mi corazón ya sospechaba que iría a
terreno desconocido, y él mismo se encargó de poner las cosas en su lugar,
¿solipsismo? no, más bien el último esfuerzo de la memoria por acercarse a las
cuevas más profundas, que desembocan en el éter y los caminos del infinito. Aquí los locos terminan peor y los cuerdos se mueven en cuerda floja.
Mercury Rev sonó durante mi
pequeño viaje, y sentí lo ligero del aire, mis pasos no pesaban y mis ojos
brillaban como aguas vírgenes. Nunca olvidaré el alivio que sentí en ese
momento. No pasé por el llamado "Mundo de los Espíritus", donde según
Swedenborg, pasaremos todos una vez que la muerte nos cuelgue a los hombros;
para posteriormente ser llevados al Cielo, o a algún lugar del Infierno, donde
casi todos terminan; "La mayoría de los hombres son malos" (Bías de
Priene).
En un pequeño estudio
sociológico, limitado a los conocimientos adquiridos en lo mundano, levanté una
encuesta, que arrojó como resultado que una de las pocas bandas de pop que se escuchan ahí es Mercury Rev,
y el disco favorito resultó se "Deserter's Songs", desconozco el
porqué, pero creo que la música habla por sí misma.
sábado, 19 de diciembre de 2015
De senos y cosenos musicales
El día de ayer me levanté con senos. Sí estimado lector.
Este ser misógino y machista que escribe para usted, al levantarse de la cama
notó que algún relieve sobresalía sobre la colcha a la altura de su pecho. Como
es natural, no sabía si era un sueño o me había vuelto loco. Pero los senos
estaban ahí, turgentes y adolescentes, orgullosos y patriotas. No sabía para
qué servían, pero los minutos se encargaron de darme la primera respuesta.
Al salir a la calle después
de la ducha y un parco alimento recibí un "buenos días" de un viejo
que se quitó el sombrero. Algo raro estaba pasando. Después, noté la envidia en
los ojos de una niña que aún no conocía lo que era tener senos de verdad. Mi
camisa vaquera parecía darle cierto toque atractivo, y yo no paraba de
manosearme a cada oportunidad que se me presentaba. Al ir por la calle, noté
esa extraña amabilidad de las personas, que nunca me miraban a los ojos, que
prestaban demasiada atención a mis movimientos. Una hora después ya estaba en
una tienda de ropa interior femenina. ¿Qué carajos hacía allí? ¿Mi mente ya se
había hecho a la idea de vivir en esta condición natural? No lo sé, pero una
señora entrada en años ya me ayudaba con la medida y el modelo adecuado. Parecía
no notar mi pequeño vello en el mentón, y su dije de la Virgen de Guadalupe me
provocó cierto temor a que me delatara con la policía divina. Después como es
natural, salí a buscar discos. No sin antes sentir una mano arrugada en mi seno
derecho, que apretó la protuberancia como a una guayaba y después fue el deleite
de una nariz roma y sucia. Estaba yo viendo los discos, pero mi mente estaba
puesta en los senos. Pensaba en el Popocatépetl, en mi maestra de la
secundaria, y en los fresnos que eran testigos de juegos adolescentes. Pensaba
en los discursos de Hitler y las adelitas de la Revolución Mexicana
Recobré la serenidad en una plaza comercial y noté que había
comprado un disco de Klaus Nomi. Volteé a mi derecha y estaba él ahí, en un
espejo enorme. Sí, Klaus Nomi me miraba y me imitaba, después noté que era yo, y
comencé a cantar Valentine's Day con
tanta fuerza que la música apareció sola, no sé si alguien tocaba o si las
musas lo hacían. La gente lloraba y los niños se abrazaban. Mis senos me hacían sentir como un ruiseñor.
Las cuerdas y los sonidos se amalgamaban perfectamente con cada nota que yo
alcanzaba. Sentía que la luna se había posado en mis ojos a través de la
claraboya hacia donde estaba mirando.
Después de cantar salí corriendo a tomar un taxi, no sabía quién
era ni qué era yo. Eso fue lo último que recuerdo. Cuando desperté me dolía la
garganta, pero sentí un alivio enorme cuando noté que ya no tenía senos. A
partir de ahí entiendo menos el feminismo y las doctrinas políticas que buscan
la "liberación de la mujer" y aprecio más el canto que la consigna.
viernes, 30 de octubre de 2015
La basura
Johhny Mud caminaba sobre la
banqueta directo a la preparatoria. La high school. Sólo le importaba alimentar
su manía, conseguir basura de los demás, iba pasando por ahí mirando hacia el
piso. Desde un tiempo reciente comprendió que la basura decía más de las
personas que sus mismas actitudes o semblantes. Su orgullo era su colección.
Cuando le preguntaban ¿qué coleccionas? él decía: basura, y la gente daba media
vuelta siguiendo su camino, sin lograr comprender qué demonios hacía un sinvergüenza
coleccionando basura. Al llegar a la escuela vio que la chica que más le
gustaba tiró una envoltura de chocolate. Al llegar a su casa la envolvió en
papel celofán. Pensó "tal vez algún día, cuando la humanidad se vaya al
carajo algún arqueólogo o alguien estudioso encuentre este tesoro, la basura de
un ángel".
En su colección contaba con el
palillo de dientes de un eminente
médico, que le recetó algo para su enfermedad oftálmica, que le hacía ver nubes
o colores distorsionados en luz roja. Tenía un chicle del señor presidente,
quien en un acto de modestia le otorgó el valioso "objeto" al
coleccionista. Una pantaleta de su vecina, que tuvo que robarla debido a los
prejuicios existentes. Una lata de cerveza del teporocho de la cuadra. Un ojo
de gato en formol, que sacó del sepulcro de una mascota de su mejor amigo. A
pesar de la infinitud de objetos que coleccionaba, había algo que atesoraba como
su mayor trofeo: un pedazo de papel higiénico usado por el Papa. Nunca sabremos
cómo consiguió aquél objeto, pero lo tiene ahora enmarcado cual cuadro de Leonardo da
Vinci.
Pensaba "yo tengo la
evidencia patente de las tribulaciones místicas y sagradas del señor más santo
del mundo en un acto sagrado". Y efectivamente lo era. Qué persona no es
susceptible de grandes y bajos pensamientos cuando hace sus necesidades
primarias. La razón se nubla y las cosas más excecrantes toman su lugar. Ahí
estaba la imagen viva del milagro.
Si las personas tiran basura no
lo hacen más que por dejar un legado. No es maldad, es la necesidad de
inmortalidad. Cuando un niño arroja el papel al piso, lo único que hace es perpetuar
el ideal de la humanidad: el estar aquí hasta el fin de los tiempos.
De pronto Johnny Mud pensó ¿cuál
es mi legado? pensó en sus memorias y se sonrojó, tal vez por su débil orgullo
o por sus ligeros aires de grandeza. "No hombre, mi pedazo de basura tiene que
ser algo digno de recuerdo, un libro de memorias es demasiado soberbio", y
pensó en Marcel Duchamp, en las vacas sagradas, y luego pensó en la bandera
nacional, ese trapo que dice tanto de una sociedad. En las cucarachas de la ciudad ¿no son igual
de ciudadanos que los seres humanos? no merecen la misma consideración que los
perros afeminados por los humanos?
Entonces bebió dos botellas de
whisky barato, no dejó una sola gota. Y todo le fue revelado, las nubes
formaban un relieve de pintura del siglo XIX, sí, como los paisajistas
ingleses, Turner, Constable y todos esos genios, sí ,como una tempestad con
nubes de Grimshaw. La locura se apoderó de él sin aviso. Se elevó la
temperatura y el tacto era el viento de otoño fluyendo hasta las venas. Johnny
Mud era el genio más grande de la historia, tomó un machete y voló un dedo de
su mano izquierda, el dedo que menos usaba para tocar la guitarra. El grito fue
apagado por las bocinas que gritaban a los Rolling Stones. El dedo ahora yace
en una repisa, solitario, dentro de un frasco con la sustancia adecuada para su
conservación con la leyenda "aquí yace el dedo de Johnny Mud, el héroe más
grande de la historia que no escribió memorias, pero deja este dedo como legado
y manuscrito de la sociedad moderna, el palimpsesto perfecto de la decadencia
humana" Después de volarse el dedo, con muchas dificultades por supuesto
puso en la tornamesa el "Raw Power" de los Stooges. No podía ser más
atinada la elección.
viernes, 9 de octubre de 2015
Mi paso fue efímero, intenso e ilustrativo.
Mi primer pasó crujía sobre huesos roídos por ratones. El edificio negro
con sus caracteres antiguos (arabescos), era parte de una serie de ruinas
antiquísimas violadas y saqueadas por enloquecidos seres infrahumanos ¿o súper
humanos? Los gritos eran de dolor, de
angustia pero también de placer y de
naturaleza animal. Similar al gemido de un mamut cuando aplasta a felino
moribundo, a una parvada de pterosaurios, un remolino de perros volando en el
aire a más de 600 metros. A pesar de la
obscuridad, se distinguía claramente la realidad en vahos amarillentos. Vi ríos
y riachuelos escoltados por vegetación raída, exageradamente viva, la plantas
también eran asesinas. Sobre los ríos, las cabezas de infantes eran el
sustituto del guijarro, estaba enterrados como zanahorias. Unos chillaban,
mientras algún reptil de dos patas devoraba sus ojos como si fueran huevos.
Giré unos metros a mi derecha. Entré en una bóveda, donde miles de seres
torturaban a otros. Incluso, el Diablo era víctima también, pues el mal no
conoce límites; éste reclamaba su antigua autoridad, mientras una nube de
moscas devoraba lo que quedaba de su vientre. Un enano, tuerto, con orejas de
soplillo, rebanaba lo que quedaba de su muslo en un aparato similar al que se
usa para el jamón. Saetas, alabardas y espadas romanas, era la instrumentación
favorita. Pero la tecnología también estaba presente. Una cámara
semitransparente, mostraba, similar a un horno de microondas, a algún ser
humano que en cuestión de segundos lo transformaba en una planta. Después de
quedar reducido a mierda, se creaba vida nuevamente. El milagro de la ciencia.
En otra cámara, el rumor a
carnicería se filtró hasta mis pulmones, un hombre enloquecido, lanzaba su
machete, con los ojos vendados mientras uno a uno pasaban a la
cámara. Antes de terminar una palabra, ya habían perdido un brazo, o una pierna,
o media cabeza. Del cuello del verdugo, pendía un camafeo antiguo, con un
rostro terrible y feroz. Los ojos eran de lumbre e hipnóticos. Eran los ojos de los niños cuando quieren
obrar mal sin saber el porqué.
En el depósito central, llamado
también palacio real, era el lugar donde se acumulaban las heces, los orines y
demás viles excreciones. La porquería, era llevada ahí, por drones, que
recogían constantemente el material para depositarlo ahí. El elegido, tenía el
derecho a hacer con ese material lo que le pluguiese. El más preciado de todos.
Las heces de los demás. El palacio real podía tener hasta 2 o 3 huéspedes a la
semana, hasta que los ciudadanos del infierno consideraban que era tiempo de
mandarlo a la hoguera previamente bañado en lava.
Antes de poner un pie en esa
porquería, yo ya estaba preparado, porque me tragué el "Immortal
Rites" de Morbid Angel. Mi cerebro
ya estaba preparado para el horror al paso de la locura.
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