martes, 1 de noviembre de 2016

No quiero ser cuadro ni pincelada.


-Hola soy Otto Dix- Dijo

Se quitó sus ojos de canica y los arrojó a la bolsa con mil canicas más. La bolsa de canicas era ya un océano infinito de oleajes furiosos. Las canicas-ojo se disolvían como líquidos nerviosos, como si se hubieran transformado en serpientes que huyen de algo. Los colores se multiplicaron al ritmo de las olas que respondían a los tenues rayos de luz. Tan tenues que parecían foquitos de árbol de Navidad que comienzan a encender tímidamente.

-¿Quieres ver el mundo-

-Sí- Respondí neciamente

- Pues lo verás y no podrás dejar de verlo ni muerto-

Sentí el abrasamiento del fuego, que lloraba y gemía por comer más carne humana. El fuego nunca es el mismo, siempre tiene nuevas maneras de cantar y bailar, de recrearse a sí mismo y al mundo, porque todo es combustión. No es casualidad que en el infierno el fuego predomine, porque así como es destrucción es vida, y lo antiguos sabían muy bien eso.

Vi que los diablos con máscara antigás venían hacía mí, alentados por un respetable hombre, vestido de frac, ondeando la bandera de la paz.  Eran legión los hombres del infierno mundano. Y los gases eran rumor de actividad militar, porque ¡nunca tendremos paz, mientras exista más de uno! El sólo cambio de clima puede calentar los ánimos de tu mejor amigo, para volverse ahora tu peor enemigo. Los de sangre se desconocerán y mirarán con terror sus acciones, sus deseos de muerte consumados. Serán ellos lo que hagan el trabajo sucio, mientras los reyes del mundo seguirán blandiendo sus látigos, mientras se espabilan a mil por hora en busca de nuevos tesoros en el universo.

Yo grité, jadeé como perro rabioso, -¡Déjenme, malditos! ¡Yo no estoy vivo! soy sólo una pintura-

Y-a no quiero ser pintura, quiero  ser real-

-Pero la pintura es más real que mis zapatos, y tú petición es una orden para mí. Verás lo que es el mundo, y serás una gota más del océano de lamentos- respondió

Vi un fondo negro, con la naciente luz anaranjada, como si una puerta fuera a abrir en un arrebato de violencia natural. Los tonos obscuros hacía palidecer el exceso de luz que emergía por la parte inferior .

-Sí, es una puerta-

Y las risas a carcajadas parecían escupir rabietas de decencia, de buenas maneras. Mientras con lloriqueos, algunos clamaban por más muerte. Y sí, yo estaba caminando sobre cadáveres aún frescos, el olor a muerte era cada vez más intenso, y las nauseas dominaron mi sentido común. Mis manos parecían pegarse al suelo como si la gravedad fuera más fuerte, y mi estado de embotamiento exigía respirar un poco más.

Allá había gente de la alta sociedad riendo hasta la locura, con sus vestidos de alta costura, y sus gestos de alta alcurnia. Pude reconocer a algunos que compartieron la Educación Básica conmigo, allá estaba el más inteligente de la clase, por acullá el más apuesto de la escuela, si es que se le puede llamar galantería a la capacidad natural para hacer sufrir a  los más tontos, y por supuesto, alcancé a ver al que parecía más indefenso de todos, un hombre ligero, grácil y parco, que sólo con un chasquido de dedos, hacía explotar un continente entero, casi con la destreza que se necesita para pisar una cucaracha sin que se quede pegada al zapato. Y también pude distinguir al más palurdo de la clase, pero tenía el talento de poseer una gran herencia de parte de su padre, lo que lo convertía en un verdadero estadista, de esos que no se dan sino cada cien años. Por todas partes salían prostitutas respetables, de esas que no se rebajaba a acostarse con cualquier miserable. A pesar de todo reinaba un orden, como si no fuera posible la existencia de otra manera.

Yo soy hombre, yo también, soy nación y soy oveja. ¿Quién es el pastor que nos llevará al matadero? ¿quiénes lloran sin haber visto nada aún? El saber ahoga a los más desesperados. "Es terrible morir de sed en el mar. ¿Tenéis vosotros que echar en seguida tanta sal a vuestra verdad que luego ni siquiera apague ya la sed?" (Nietzsche). El hombre busca conocimiento, pero el conocimiento es su propio veneno, el conocimiento no es uno sino él mismo pero multiplicado en bocanadas  de humo que se pierden, y aparece por allá, en una chimenea de alguna casa bien afincada, desde lo alto de una montaña, en que se acaba de ahorcar un hombre. 

Míralos cómo se parecen, mira como son hermanos todos, repiten las mismas palabras, las mismas frases, y le han escrito un bonito himno al Señor Dinero. Mira cómo se matan, mira cómo entre ellos se encubren, nadie tiene rostro, y sin embargo se parecen. El crimen es anónimo, pero todos quieren seguir bailando, -¡Ah tú, no entorpezcas la fiesta! ya tenemos un nuevo campeón y dentro de una semana serán las elecciones , ¿Qué propones tú para quejarte  de esa manera? ya viene Navidad y tendremos muchos bizcochos de cadáveres frescos, a todos les gustan los muertos, a ti también, ellos son oro y prosperidad jajaja, anda ven hijo, yo te daré un consejo: humilla a tu mejor amigo, después, haz que lo exhiban en televisión, yo te conseguiré el pase mágico, te pagarán muy bien por ello, posiblemente el Papa te eleve a Santo. Malditos escritores están en las cavernas, lo de hoy es la exhibición en HD. Maldita sean, cuándo comprenderán los hombres que Hobbes tenía razón, no podemos vivir juntos ni medio minuto sin hacernos daño-

Y aquí estoy, yo un remedo de pintura, de una idea mal concebida, y dentro de poco seré menos que polvo.

What I see is unreal, I've written my own part, eat of the apple so young, I'm crawling back to start...

sábado, 24 de septiembre de 2016

Humanos, según mis cálculos, ya están todos muertos. Pero la música es inmortal.

Año 3015. En algún lugar de la Tierra que aún no ha explotado en mil pedazos.

Fue en la materia de Orientación Sexual, cuando Carlitos Marx tomaba clase conmigo. Debo aclarar  que en el futuro, las materias tiene un nombre extraño, por ejemplo, a la clase de Aritmética se le llama Panadería y Repostería Básica, a la clase de Introducción a la Filosofía se le llama Educación Física, pero lo más extraño, es que a la clase de Carpintería le llaman Física Nuclear.

Carlitos gustaba de opinar aunque no le preguntaran, era extraño, como si un escozor recorriera su cuerpo. Fue un día, cuando el profesor comenzó a hablar sobre Economía, cuando Carlitos, como le decíamos de cariño, lanzó una serie de disparatares que causó la sardónica primero, y después risa loca de todos, incluido el profesor. Mi humilde y endeble amigo siempre quería adelantarse a todos, el profesor espetaba: cuando comprendas que vas a morir, hablamos.

El profesor habló de la locura aséptica, y aferrado Carlitos, decía que era materialmente posible en el mundo terrenal, sin embargo, insistimos en que la locura lleva a muchos caminos, entre ellos la muerte disfrazada de abnegación. Y el profesor, de apellido Hegel por cierto, citó a un escritor que le decían "El Bandido", y se dice que sólo vivió cuando murió: "Hablar de la fe significa asesinarla".

El profesor, con su serenidad de siempre, le contestó: te voy a dar un simple ejemplo de la falacia de tus argumentos. Traje una banda del futuro muy lejano. De hecho todo el futuro ya se terminó y sólo existe en los buenos libros" remató.

En la pizarra-espectacular de colores neón se escuchó "We are the Robots". La música parecía emerger de una máquina controlada por cuatro sujetos, humanoides, o androides, o dioses ¡Estaban tocando frente a nosotros en vivo! ¡Bendita tecnología, no sólo has matado a Dios, también lo has resucitado para matarlo millones de veces en un retweet.

Carlitos estaba estupefacto y comenzó a jadear, y luego a echar espuma de burbujas por la boca. No podía soportar ver esa absurda conjunción, máquina, futuro en bruto y música. Y esas burbujas que salieron de su boca eran las que convertían la primitiva luz en una serie de colores infinitos que adornaron el salón de clase que se convirtió en un concierto. Cuando explotaban podías ver la eclosión de flores extrañas. La naturaleza esconde sus secretos en la música, y los muestra a algunos cuantos afortunados.

Todos los demás comenzamos a bailar, alguien decía: ¡Oye tú baila conmigo! y las chicas bailaban con la risa proyectada en la pantalla, nosotros éramos la pantalla también, todo táctil, todo revolución y conclusión, colisión, metafísica aplicada a la pista de baile.

Esa mecánica básica, era como si los coches hablaran, como si la humanidad sólo fuese un resbalón, para el devenir de la perfección tecnológica. Ya no era la música algo material ni divino, sino extraterrestre. Y todo prendía y apagaba como un anuncio espectacular.

La muerte del ser humano es el nacimiento de la máquina-Dios. ¿Tendremos un Nietzsche robot? Tal vez las almejas contienen la última palabra, tal vez la tecnología sea un resbalón también, tal vez el Imperio de los Árboles debe esperar. Lo cierto es que la música es Universal. Ella escoge sus medios, como entelequias, como esclavos al servicio de la música universal. Tal vez Pitágoras lo vislumbró con su teoría de la Armonía de las Esferas. Pero eso ya lo veremos en otra clase. Del fututo claro está, porque en el año 2015 siguen en las cavernas.


domingo, 24 de julio de 2016

Ahí nos vemos tío Willy


Hace algunos días regresé de visitar al tío Willy. Como prometí desde que nos conocimos, cada año visito su humilde morada en el estado de Georgia.

Allá, a principios de los 70's, nos conocimos en un bar de mala muerte en Texas, cuando pasaba por ahí, mientras tocaban los Flying Burrito Brothers. Ahí estaba el buen Willy, en la barra moviendo el pie para acompañar el ritmo de la música. Yo me senté a su lado, mientras bebía cantidades peligrosas de bourbon. Desde aquel entonces ya se veía entrado en años, con su barba y su sombrero redneck. El concierto fui magistral, y Willy, a pesar de su ortodoxia musical, apreciaba la música de aquél grupo. Durante la francachela,  hablamos de política, de música, de la familia, y sobre todo de la superioridad del bourbon sobre el escocés. ¿Por qué nos hicimos amigos? lo desconozco, pero desde aquél día, año con año, visito su hogar, donde su dulce esposa siempre prepara alguna comida especial para la ocasión, oh la sweet Marie, como él la llama, se pone colorada siempre que le canto "Absolutely Sweet Marie" de Bob Dylan, y yo disfruto esos panecillos de moras que tan bien prepara, o el Chili con Carne tan especial que pido para llevar.

El tío Willy vive ahora con su esposa y dos nietos, Brian y Marc, los dos con su corte de "cola de pato", ellos de 9 y 12 años respectivamente , a veces nos acompañan a contemplar los bellos paisajes que quedan por ahí, mientras me cubro el rostro con mi sombrero de paja y mastico una espiga de trigo. Los atardeceres se filtran hasta los pulmones, y el sosiego que genera es inigualable. Su hijo trabaja en el norte y no lo he conocido más que en fotos, que me muestra orgulloso.

"Hey tú, qué quieres ser de grande" le dijo Willy a su nieto, quiero ser astronauta dijo Marc, y todos reímos, mientras Willy le frotaba el cabello, "No seas tonto hijo, mejor aprende a tocar la guitarra". Inmediatamente recordé el poema de Raymond Carver, porque, en efecto, también estábamos pelando palos mientras echábamos a perder el día.

Al otro día tocaba yo el banjo y el tío Willy su instrumento favorito, la tabla de lavar. Un instrumento muy raro pero súper efectivo. Improvisamos y a veces Brian interviene con la armónica. El sonido que generamos es auténtico porque es doméstico, y sólo queda en la memoria de cada uno, o en las lagartijas que pasan por ahí.

Alguna vez el tío Willy me contó cuando trabajó como policía, y en una de esas se encargó de detener a Keith Richards "Esos bellacos greñudos y afeminados". No le gusta el rock, pero por alguna extraña razón coincidimos en que los Flying Burrito Brothers son lo que nos unió, desde aquél concierto en el bar de Texas. Tampoco coincidimos de política, él odia a los mexicanos y votará por Donald Trump, incluso ya se cargó a algunos compatriotas aztecas. No entiendo el porqué somos amigos, pero cuando salimos a dar la vuelta, siempre me proporciona un arma.  "Uno no puede confiar ni en su propia sombra, más vale amigo" me dice. Nuestra amistad es extraña, pero efectiva y sincera, aunque ambos sabemos que si alguno sucumbe en medio del desierto, será comida de buitres, mientras el otro seguirá su camino.

En la sala principal pende de la pared principal una guitarra de Woody Guthrie, con la famosa leyenda "This machine kills fascists". Nunca me ha dicho cómo la consiguió, pero es su tesoro, cual bucanero que consigue todo tipo de reliquias en tierras ignotas.

También cuenta con alguna ropa militar del General Robert E. Lee. La guarda con mucho celo, y a veces me cuenta anécdotas de la guerra que asoló al país durante aquellos años, mientras masticamos elotes o bebemos bourbon, nuestra bebida favorita claro está. ¡Qué hermosa es la vida simple, mientras recordamos las hazañas de los grandes y en el pasado glorioso que se fue cual huracán que violenta todo a su paso!

Para compensar sus atenciones, a veces le llevo discos de música vernácula mexicana, que tiende a ponerlo muy contento, mientras señala al sol con su índice. Ya está perdiendo la vista, y parece que reta al sol con su mirada de águila, como esperando que el apagón sea violento.

"Nos vemos pronto amigo, y si Dios me da vida seguiremos tocando y soñando con lo que seremos de grandes" me dijo en mi última visita. Le dije: tal vez nunca seamos grandes amigo y ya es demasiado tarde para intentarlo, pero podemos tocar la guitarra y soñar que Gram Parsons algún día vendrá y nos dirá: oye amigo toca el acompañamiento que hoy es un buen día para tocar.

 

¡Adiós amigo, nos vemos pronto!
 
 

jueves, 26 de mayo de 2016

What the hell am I doing here?

 
Aún éramos niños; mis primos, mi hermano y yo vivíamos en un mundo pequeño, pero certero. Los partidos de fútbol contra la escoria del parque, la bromas que gastábamos a la gente, a nuestro tío, el tío víctima de la sociedad y el mundo despiadado. Pudimos haber terminado en el reformatorio, quizá tal vez asesinado a alguien sin querer.

Sólo creíamos en la importancia de hacernos reír a costa de los demás. Sabiendo que los castigos domésticos eran seguros. Ya apostábamos en un partido contra los malvivientes de la calle, o contra los hijos de las prostitutas. Nosotros éramos de casa, claro, con la misma licencia para hacer lo que nos diera en gana en la calle. En la televisión la Selección siempre perdía, pero en la calle éramos el Manchester United.

Nuestros programas favoritos, las Tortugas Ninja, los Cazafantasmas, los Simpsons, los Gremlins, el Nintendo, Reino Aventura, las palomitas y el refresco helado. Los raspones, las golpizas en la calle, las buenas calificaciones  a pesar de todo, el contraste de nuestros colegios; yo era afortunado, por estar dentro de uno privado. Mi peinado a la Benito Juárez, mi vergüenza hacia la comparación con el exPresidente, mi primer odio hacia el gobierno y hacia el América, mis monedas de a peso, que pesaban bastante, junto con mis pantalones desgastados de correr sin rumbo fijo. La promiscuidad de los primos más grandes con las mujeres, la admiración de los más pequeños. La autoridad de los primos grandes no se debatía. Sólo se debatía sobre los medios para lo que íbamos a hacer.

Nos respetaban, incluso las cucarachas que eran abundantes en la casa de mis abuelos, sólo se limitaban a pasar sobre nuestros cuerpos para retirarse a lo suyo. ¡Incluso los insectos de hoy han cambiado! no se puede confiar en un mosquito como se confiaba antes. Yo piso lo que sea, mato a cualquier insecto sin misericordia, se han esfumado las esperanzas de cualquier civilidad.

Parece como si nada de aquello hubiera existido, unos mueren, otros nacen, y sigue girando la rueda de la fortuna, con la insipidez que se agudiza a cada momento, la insipidez del mundo futuro, que se acerca nebulosamente sin ninguna esperanza. Ya no somos nada, hemos sido absorbidos por el mundo, para padecer las estúpidas enfermedades de los adultos, "¡somos marionetas cuyos hilos son movidos por fuerzas desconocidas; eso es lo que somos: nada, nada por nosotros mismos!(Büchner).

Recuerdo cuando me quedaba mirando en el espejo durante horas, pensando si yo era real, o si detrás del espejo estaba la verdadera vida; tenía miedo de volverme loco, de terminar en el manicomio, hoy es mi deseo más ferviente. Esos tempranos titubeos se materializaron años después en mi adolescencia perdida y me vejez prematura.

Aún recuerdo la primera vez que escuché "Creep" de Radiohead, el escalofrío que me produjo, y el celo con el que guardaba el cassette. Esa canción fue el preámbulo a la decadencia, y cuando escuché el Pablo Honey completo entendí todo. Era la verdadera música de los 90's, y "Creep" sólo el preludio a la "Sinfonía de la Destrucción" (Megadeth). Todo tenía sentido a partir de entonces. La música se encargó de armar el rompecabezas que emergió del caos. Un rompecabezas de cartón que es lanzado a la suerte de la tormenta.
 

lunes, 1 de febrero de 2016

Del cielo a su mesa


¿Qué son los sueños sino la realidad perfeccionada? Un sueño profundo, vívido y claro, sobresalta a los humanos, porque no pueden concebir tal grandeza de la verdad misma. "La Tentación de San Antonio" de Salvador Dalí es eso, un pedazo en bruto de realidad, que se explica por sí misma, y cuando el lenguaje oral busca definirlo, la razón tartamudea y se echa para atrás.

La división del cielo, tal como la describe Swedenborg, es sólo un acercamiento superficial a lo que sucede en lo suprahumano. Swedenborg mismo nos dice que es imposible describir con exactitud lo que vio allá. Nos cuenta que en la división perteneciente al Cielo Central con los ángeles más puros, hay tal armonía que la razón se confunde con la sensualidad; es el amor puro.

Cuando tuve oportunidad de visitar  esos terrenos, desconocidos para la mayoría de los seres humanos, fui presa del terror, pues como Swedenborg ya había advertido, sólo los individuos más nobles y superiores pueden reconocerse entre sí, y cuando algún intruso de sentimientos más bajos llega ahí, inmediatamente cree que está solo y se pregunta si no es un sueño o se ha vuelto loco, o peor aún: si no es la víspera de su muerte. El Espíritu Santo es el comunismo del Cielo, y sus habitantes viven en función del prójimo, en un sentido Dialéctico (véase Hegel), lo que para nosotros se proyecta en la definición del individuo, en ellos se manifiesta en la definición del todo. Si una paloma vuela, es porque el Sol así lo quiso, pero el Sol no se piensa a sí mismo, sino que voluntariamente ejerce una acción que previamente se tomó colectivamente.

Con la ayuda de un halo divino, pude recobrar fuerzas, para comprender y ver que estaba con los ángeles superiores, que me acariciaban con su indiferencia (no es indiferencia como la conocemos sino un mutuo acuerdo de no molestar a los semejantes), y cuando llegaba a ver a alguno a los ojos sólo me cegaba una luz tan radiante que me quedaba en pantalla blanca por segundos.  Mis oídos mal acostumbrados al rock and roll más pantanoso, pudieron percibir poco a poco que en ese momento sonaba "Opus 40" de Mercury Rev, lo cual no me causó sorpresa, pues mi corazón ya sospechaba que iría a terreno desconocido, y él mismo se encargó de poner las cosas en su lugar, ¿solipsismo? no, más bien el último esfuerzo de la memoria por acercarse a las cuevas más profundas, que desembocan en el éter y los caminos del infinito. Aquí los locos terminan peor y los cuerdos se mueven en cuerda floja.

Mercury Rev sonó durante mi pequeño viaje, y sentí lo ligero del aire, mis pasos no pesaban y mis ojos brillaban como aguas vírgenes. Nunca olvidaré el alivio que sentí en ese momento. No pasé por el llamado "Mundo de los Espíritus", donde según Swedenborg, pasaremos todos una vez que la muerte nos cuelgue a los hombros; para posteriormente ser llevados al Cielo, o a algún lugar del Infierno, donde casi todos terminan; "La mayoría de los hombres son malos" (Bías de Priene).

En un pequeño estudio sociológico, limitado a los conocimientos adquiridos en lo mundano, levanté una encuesta, que arrojó como resultado que una de las pocas bandas de pop que se escuchan ahí es Mercury Rev, y el disco favorito resultó se "Deserter's Songs", desconozco el porqué, pero creo que la música habla por sí misma.
 
 

 

sábado, 19 de diciembre de 2015

De senos y cosenos musicales

El día de ayer me levanté con senos. Sí estimado lector. Este ser misógino y machista que escribe para usted, al levantarse de la cama notó que algún relieve sobresalía sobre la colcha a la altura de su pecho. Como es natural, no sabía si era un sueño o me había vuelto loco. Pero los senos estaban ahí, turgentes y adolescentes, orgullosos y patriotas. No sabía para qué servían, pero los minutos se encargaron de darme la primera respuesta.
 Al salir a la calle después de la ducha y un parco alimento recibí un "buenos días" de un viejo que se quitó el sombrero. Algo raro estaba pasando. Después, noté la envidia en los ojos de una niña que aún no conocía lo que era tener senos de verdad. Mi camisa vaquera parecía darle cierto toque atractivo, y yo no paraba de manosearme a cada oportunidad que se me presentaba. Al ir por la calle, noté esa extraña amabilidad de las personas, que nunca me miraban a los ojos, que prestaban demasiada atención a mis movimientos. Una hora después ya estaba en una tienda de ropa interior femenina. ¿Qué carajos hacía allí? ¿Mi mente ya se había hecho a la idea de vivir en esta condición natural? No lo sé, pero una señora entrada en años ya me ayudaba con la medida y el modelo adecuado. Parecía no notar mi pequeño vello en el mentón, y su dije de la Virgen de Guadalupe me provocó cierto temor a que me delatara con la policía divina. Después como es natural, salí a buscar discos. No sin antes sentir una mano arrugada en mi seno derecho, que apretó la protuberancia como a una guayaba y después fue el deleite de una nariz roma y sucia. Estaba yo viendo los discos, pero mi mente estaba puesta en los senos. Pensaba en el Popocatépetl, en mi maestra de la secundaria, y en los fresnos que eran testigos de juegos adolescentes. Pensaba en los discursos de Hitler y las adelitas de la Revolución Mexicana
Recobré la serenidad en una plaza comercial y noté que había comprado un disco de Klaus Nomi. Volteé a mi derecha y estaba él ahí, en un espejo enorme. Sí, Klaus Nomi me miraba y me imitaba, después noté que era yo, y comencé a cantar Valentine's Day con tanta fuerza que la música apareció sola, no sé si alguien tocaba o si las musas lo hacían. La gente lloraba y los niños se abrazaban.  Mis senos me hacían sentir como un ruiseñor. Las cuerdas y los sonidos se amalgamaban perfectamente con cada nota que yo alcanzaba. Sentía que la luna se había posado en mis ojos a través de la claraboya hacia donde estaba mirando.
Después de cantar salí corriendo a tomar un taxi, no sabía quién era ni qué era yo. Eso fue lo último que recuerdo. Cuando desperté me dolía la garganta, pero sentí un alivio enorme cuando noté que ya no tenía senos. A partir de ahí entiendo menos el feminismo y las doctrinas políticas que buscan la "liberación de la mujer" y aprecio más el canto que la consigna.

viernes, 30 de octubre de 2015

La basura



Johhny Mud caminaba sobre la banqueta directo a la preparatoria. La high school. Sólo le importaba alimentar su manía, conseguir basura de los demás, iba pasando por ahí mirando hacia el piso. Desde un tiempo reciente comprendió que la basura decía más de las personas que sus mismas actitudes o semblantes. Su orgullo era su colección. Cuando le preguntaban ¿qué coleccionas? él decía: basura, y la gente daba media vuelta siguiendo su camino, sin lograr comprender qué demonios hacía un sinvergüenza coleccionando basura. Al llegar a la escuela vio que la chica que más le gustaba tiró una envoltura de chocolate. Al llegar a su casa la envolvió en papel celofán. Pensó "tal vez algún día, cuando la humanidad se vaya al carajo algún arqueólogo o alguien estudioso encuentre este tesoro, la basura de un ángel".

En su colección contaba con el palillo de dientes  de un eminente médico, que le recetó algo para su enfermedad oftálmica, que le hacía ver nubes o colores distorsionados en luz roja. Tenía un chicle del señor presidente, quien en un acto de modestia le otorgó el valioso "objeto" al coleccionista. Una pantaleta de su vecina, que tuvo que robarla debido a los prejuicios existentes. Una lata de cerveza del teporocho de la cuadra. Un ojo de gato en formol, que sacó del sepulcro de una mascota de su mejor amigo. A pesar de la infinitud de objetos que coleccionaba, había algo que atesoraba como su mayor trofeo: un pedazo de papel higiénico usado por el Papa. Nunca sabremos cómo consiguió aquél objeto, pero lo tiene ahora enmarcado cual cuadro de Leonardo da Vinci.

Pensaba "yo tengo la evidencia patente de las tribulaciones místicas y sagradas del señor más santo del mundo en un acto sagrado". Y efectivamente lo era. Qué persona no es susceptible de grandes y bajos pensamientos cuando hace sus necesidades primarias. La razón se nubla y las cosas más excecrantes toman su lugar. Ahí estaba la imagen viva del milagro.

Si las personas tiran basura no lo hacen más que por dejar un legado. No es maldad, es la necesidad de inmortalidad. Cuando un niño arroja el papel al piso, lo único que hace es perpetuar el ideal de la humanidad: el estar aquí hasta el fin de los tiempos.

De pronto Johnny Mud pensó ¿cuál es mi legado? pensó en sus memorias y se sonrojó, tal vez por su débil orgullo o por sus ligeros aires de grandeza.  "No hombre, mi pedazo de basura tiene que ser algo digno de recuerdo, un libro de memorias es demasiado soberbio", y pensó en Marcel Duchamp, en las vacas sagradas, y luego pensó en la bandera nacional, ese trapo que dice tanto de una sociedad.  En las cucarachas de la ciudad ¿no son igual de ciudadanos que los seres humanos? no merecen la misma consideración que los perros afeminados por los humanos?


Entonces bebió dos botellas de whisky barato, no dejó una sola gota. Y todo le fue revelado, las nubes formaban un relieve de pintura del siglo XIX, sí, como los paisajistas ingleses, Turner, Constable y todos esos genios, sí ,como una tempestad con nubes de Grimshaw. La locura se apoderó de él sin aviso. Se elevó la temperatura y el tacto era el viento de otoño fluyendo hasta las venas. Johnny Mud era el genio más grande de la historia, tomó un machete y voló un dedo de su mano izquierda, el dedo que menos usaba para tocar la guitarra. El grito fue apagado por las bocinas que gritaban a los Rolling Stones. El dedo ahora yace en una repisa, solitario, dentro de un frasco con la sustancia adecuada para su conservación con la leyenda "aquí yace el dedo de Johnny Mud, el héroe más grande de la historia que no escribió memorias, pero deja este dedo como legado y manuscrito de la sociedad moderna, el palimpsesto perfecto de la decadencia humana" Después de volarse el dedo, con muchas dificultades por supuesto puso en la tornamesa el "Raw Power" de los Stooges. No podía ser más atinada la elección.