domingo, 4 de octubre de 2020

Human Be-In

 

El fin de semana pasado, fui a un lugar al que siempre recurro cuando necesito despejar mi mente, es un lugar secreto, donde se dan citas diferentes seres extraños, algunos soberbiamente brillantes, otros tristemente abatidos, que encuentran en este espacio, un hueco de sobriedad atmosférica. Yo llegué ahí gracias a mi amigo Human Be-in, lo conocí en un callejón, tirado en la basura, maltrecho, un verdadero desastre, en medio de un muladar amenazante, donde las ratas tenían su reino. Tenía grabado en su brazo: IBM crap.

Yo lo llevé a mi casa, curé sus heridas como pude, y le ofrecí algo de comida y tragos reconfortantes. Desde ese momento, nuestra amistad se forjó en fuego, sobre todo por su erudición en rock and roll, contracultura e ideas revolucionarias e incendiarias. A medida que mejoraba su condición física, su mente abría nuevos espacios , que habían sido cerrados después de un violento choque de dura realidad. Al mes partió, pero cada quince días acudía a mi hogar, donde poníamos discos, hablábamos de cosas relevantes, como tipos de guitarras, artefactos explosivos para darle una patada baja al Gran Hermano, experiencias psicodélicas, o cualquier tema que se cruzara en el camino hacia la revolución.

Human Be-in lucía agotado, los hilos pendían de lo invisible, su estancia en los mejores eventos de rock and roll, lo habían debilitado.

Sentado, en mi regazo, un poco ebrio- Liberen a John Sinclair-

-Eso fue hace mucho- respondo.

-Aún sigue ahí, todos parecen divertirse mucho con sus teléfonos móviles. Attali tenía razón. La diáspora del poder institucionalizado, incluyendo la música, se ha dispersado, sin un punto fijo. Cada quién es su propio verdugo y su azote. La naturaleza efímera y no-localizada de la música, ha derivado en un sinsentido -¡Liberen a John, libérenlo ya!-

Nadie supo dónde vivía Human Be-in, ni cuántos años tenía, ni quién fue su creador, el muñeco de ventrílocuo siempre estaba malhumorado, con su cigarrillo que delataba su estado de ánimo, cansado, harto del mundo, un cigarrillo que apuntaba al suelo, en un ángulo triste, y desganado.

Lo llevé en mis brazos, llegamos a un hoyo funky, alguien puso algo de MC5. Sus ojos se encendieron, después se inundaron de lágrimas, sentí su leve temblor. Human Be-in deseaba morir en ese momento, recordó cuando se incendiaron las banderas gringas, cuando se vislumbró una esperanza, efímera pero poderosa.. Su emoción fue fulminante, falleció en mis brazos, tuvo una visión, lo supe cuando apuntó a la nada y gritó: ¡Kick out the jams motherfuckers!




domingo, 20 de septiembre de 2020

Paseo en Bomarzo

Cada paso que damos es un atreverse a lo desconocido, un "paso más" hacia el abismo. Durante un reciente viaje a la Italia central, tuve un primer acercamiento a lo que posiblemente sea uno de los pocos lugares en el mundo que vale la pena visitar en tierra firme.

Después de naufragar en un mar de gente agringada, con el lema tácitamente tatuado "éxito a toda costa" en su frente, y después de vadear dentro de un camión a través de una colina sepia de color triste, llegué a la entrada del parque Bomarzo.

Lo que parecía una visita más a un parque cualquiera, se convirtió en una experiencia metafísica y moral. Siempre que va a suceder algo  extraordinario, los primeros en advertirlo son los perros, (que después de sus temerosos ladridos, salieron corriendo hacia cualquier parte), y a veces, la extraña forma de la lluvia, perece augurar un destino fatal o fuera de lo común. ¿Destino fuera de lo común? La lluvia fue cayendo lentamente y de forma delicada, sobre el siniestro y hermoso paisaje que ofrecía la tarde; todos comenzaron a impacientarse.

Entre miradas temerosas, dubitativas y furtivas, algunos asistentes declinaron entrar al parque, después de que nos anunciaron que no abrirían sus puertas. Sin dar más motivo. Después de unos minutos, a regañadientes, nos anunciaron  que abrirían, bajo condición de firmar una carta responsiva.

Podías ver el saludo de los cipreses,  amenazando y bailando sus hojas en el aire estival, como diciendo : entra, si quieres saber.

Una anciana romana, con manos temblorosas leía en voz alta, un fragmento de el Evangelio de Ezequiel:

"Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila". (Ez. 1, 10). Y con un notable sudor en la frente fue llevada a las afueras del lugar, cuando en un arranque de locura prefigurada comenzó a recitar en voz alta un poema de los Cantos Órficos de Dino Campana, con espumarajos saliendo de su boca retorcida vociferó:

Luz del crepúsculo se atenúa:

Inquietos espíritus ¡sean dulces las tinieblas

Para el corazón que ya no ama!

Manantiales, manantiales hemos de escuchar,

Manantiales, manantiales que saben

Manantiales que saben que los espíritus están

Que los espíritus están escuchando…

Escucha: la luz del crepúsculo se atenúa

Y para los inquietos espíritus son dulces las tinieblas:

Escucha: te ha vencido la Fortuna:

Mas para los corazones ligeros otra vida está a las puertas:

No hay dulzura que pueda igualar a la Muerte

Ya ya ya

Oye a quién aún te acuna:

Oye a la dulce muchacha

Que dice al oído: ya ya

Y de golpe se eleva y desaparece

El viento: ¡vuelve al mar

Y oímos jadear

Al corazón que más nos amó!

Miramos: el paisaje

De los árboles y las aguas ya es nocturno

El río se va taciturno…

¡Pum! ¡mamá, ese hombre allá arriba!


 

Antes de caer desplomada, nos dirigió una mirada entre angelical y confusa.

El que vio descender al Ángel Gabriel, en realidad vio un mosquito, y los que predicen el futuro a través del humo de un cigarrillo, no están del todo equivocados, pero la forma en que se desplaza un mosquito dice más, y mucho más se puede ver a través de un ojo humano, en él, están contenidos los misterios del mundo, y yo vi en las miradas de los asistentes que esto iba a ser algo distinto, fatal, pero revelador.

Cruzando la enclenque y antigua puerta, me recibió un beso de Venus, que posó sus ojos en los míos, para transformarme en agua, y a través del río y de riachuelos, recorrí el fantástico parque. Yo flui con todo, porque ya no era yo, sino una prolongación del continuo devenir que se expresaba en el río.

Las figuras míticas y ancestrales, se iban posando en mi visión, la imponente figura de Neptuno, y los pegasos volando sobre él, mientras los cántaros despedían agua nueva, como recién salida del cielo. Vi a la tortuga gigante, desplazarse unos metros hacia el espeso ramaje, pude escuchar un verso de Baudelaire, en boca de Diamanda Galás, porque en medio de la anunciada neblina, salió de la boca de esa cabeza gigante de Ogro con la inscripción: "Todo pensamiento es fugitivo"; mi miró levemente, y volvió a internarse en esa angustiosa forma de boca. Unos metros más adelante, los dragones de piedra, iban desperezándose lentamente, y cerca de ahí, vi a Salvador Dalí bailando lentamente con su hirsuto pero elegante bigote, despidiendo mariposas que salían de su mano, naciendo elefantes diminutos, para después partir volando hacia el nefasto azul preponderantemente marino, rematado con vetas de negro arcaico, marmoleado.

Y las lágrimas de perla que claramente despedían esos inicialmente elefantes blancos, fueron cayendo en el tambaleante piso de verdor amarillento, naciendo unas flores exóticas y perfumadas de veneno almizclado. 

Al voltear levemente hacia atrás, pude ver, levantando mi cabeza hacia tierra firme, que los demás turistas estaban en el suelo, mirando al cielo, embelesados, como queriendo ignorar lo que estaba sucediendo. El aroma floral los había derrumbado, pero sin capacidad física de moverse, sus sentidos estaban altamente extasiados. La señora declamadora del inicio pasó sonriendo a todos, se escapó por entre la vereda, y yo seguí el curso del río.

Apoyándome en una piedra, salí del río, sentí mi rápida transformación de pez a reptil, como los renacuajos, , en un instante, de rana pasé a hombre. Y de un momentáneo aleteo, mis alas desaparecieron, para caer en tierra firme después de un leve desplazamiento hacia arriba; estuve a punto de volar. Y allí vi a  Hermes Trimegisto, jugando con el mundo en sus manos, que era sol y luz, que se perdió en el infinito, después con su mano señaló esa luz que cegó mis ojos por un instante. Los suyos luminosos, radiantes de alegría y confusión me invitaban a creer en el mundo. Me dijo después de un momento de contemplación: ¿Ves esa roca? escribamos algo ahí. 

Tomó mi mano y con una pluma de oro, escribimos:

Cánticos supersticiosos alabando a Moloch

Las cítaras lloran nerviosas la canción baladí

Los vestidos sellan hermosos cuerpos de vírgenes

En alusión cariñosa, se mencionan las dagas, los cuchillos y las balas

Cantaletas fibrosas molan la sangre que flota

Casi lección, casi revelación

Los demonios escondidos, adiestrados en lo marcial

Salen voluptuosos, hermosos, en acción de maldad

—Miles de velas e inciensos olor mate—

Risas incómodas

Besos aún más incómodos.


Cuando desperté ya iba en el avión, dudando de mi existencia anterior, que me llevó inexorablemente a tomar unos días de reposo. Y ahora, al recordar más claramente, llegó como un relámpago a mi memoria, recuerdo que entré en un camino secreto, una puerta que me llevó a un bacanal antiguo, del que sólo me llega a la memoria que salí de allí con una guirnalda de olivo.

 



miércoles, 26 de agosto de 2020

Escuela en tiempos de posnacionalismo

 

"Cuando caminaba, lo hacía con movimientos suaves y elásticos, con ese replegarse y estrecharse un tanto tímidos, propios de quien está acostumbrado a recorrer siempre erguido una serie de habitaciones vacías, y donde cualquier otro parecería tropezar pesadamente contra invisibles rincones del cuarto desierto"

Robert Musil.


El carácter de un hombre no se forma en la sociedad, ni siquiera en familia, es en la escuela donde los latigazos de realidad delinean su alma preconcebida y semi-moldeada.

Lo que llaman neoliberalismo, se respiraba desde mucho antes en las escuelas privadas. Por eso, los que más se sorprendieron de los brutales  cambios en las relaciones socio-económicas salieron de escuelas públicas. Yo tuve la ¿fortuna? de vivir en carne propia tanto lo que se experimenta en las aulas privilegiadas como en las públicas.

Mi descenso escolar se debió a una repentina caída en las finanzas familiares, así que, de un instituto de gran nivel, pasé, a mitad del camino, a un colegio medio fresa por la colonia Condesa. Colegio más o menos respetable que ofrecía becas a los hijos de burócratas que sacaban arriba de 8. Pero el éxito no depende de aptitudes escolares, sino de tu fiereza para no dejarse vilipendiar por todo tipo de lobos adolescentes que, a la menor provocación te ponen el pie sólo por pasar el rato mientras mascan chicle.

Siempre tuve la certeza de que los zapatos deportivos que traías y el efectivo que guardabas en los bolsillos, era tu carta de presentación en cualquier escuela. Mi temor a ser la burla nunca terminó, hasta que caí en la entonces peor secundaria pública del lejano Distrito Federal. Una vez que se toca fondo el mismo cuerpo te exige que te levantes.

Es en la escuela primaria donde se reconocen los primeros esbozos de la crueldad humana en su más fina y tosca expresión, como diamantes en bruto; y yo experimentaba una sensación entre lujuriosa y religiosa cada vez que descubría un nuevo esbozo de personalidad. Mis descubrimientos eran en su mayoría sutiles, aunque algunos rayaban en lo grotesco, y no por ello eran menos importantes. Por ejemplo: el rey de los golpes siempre desprendía un olor a caca fresca, la niña regordeta que siempre lloraba cuando sacaba 9 guardaba en su lapicera una colección envidiable de plumas y lápices de todo tipo -¿futuros burócratas?-, el ladrón de la clase siempre lucía impecable y olía a leche, o el bufón del salón, que siempre traía un zapato con las agujetas mal puestas.

De entre todo el alumnado, en la clase había un chico especial, un talento nato.

-Mira es el hijo de mi compañera, Federico, va en tu salón- Dijo mi madre cuando lo conocí.

Lo recuerdo como el hijo pródigo de la clase trabajadora. Su piel a la Fin de Semana en Acapulco (bronceado perfecto), y su peinado a la Marlon Brando, su relativa baja estatura, junto con su mirada penetrante de ojos entre verde y miel. Tenía un aire burlón y malvado, la gente de bien lo respetaba, desde el más nerd hasta la directora. Su promedio era superior a 9 y parecía que pronto representaría al país en la olimpiadas, por lo menos en natación.

-Hola Fede- Hay que guapo- saludos a tu mamacita- le decían.

Los ricachones del salón lo odiaban, sin duda, no sólo por su aspecto de pequeño Dandy, a veces su caminar daba la impresión de que en cualquier momento bailaría un tango, no, era porque no había mujer que no se pusiera nerviosa en su presencia, no sólo las compañeras, sino las mamás de los alumnos, en su mayoría hubieran querido amamantar a un ser tan elegante y prodigioso como Federico. En el salón, de manera explícita o implícita, tenía derecho a besar a la que fuera, Sally, la niña que parecía traída desde las lejanas tierras británicas, la niña española, con su apellido raro, y sus piernas de atletismo imperial, a las bellezas nacionales.Todas parecían rendirle honores a este ser casi minúsculo, pero imponente, en la alberca hasta pequeños cuadros se formaban en su abdomen ¡Maldita sea, y yo en ese entonces ya tenía dos lonjas!

Lo único que le echaban en cara, era su relativa pobreza, pues para los miembros de aquél infame colegio, si tu papá no andaba haciendo negocios en el extranjero, eras un miserable más ¡Y vaya que calaba! Hasta los profesores hacían gala de estas cuestiones de la fortuna. Dios siempre está donde está  el negocio.

Y yo trataba de aprender de él, de sus modales, a veces me ignoraba, no sacaba nada provechoso de un ser insignificante como yo, más que un ¿me prestas sacapuntas?

Al salir del colegio, cada chaval desapareció como si nunca hubiéramos existido. Más de una década después tuve noticias nefastas de Federico. Pues las tragedias que suceden a la gente brillante son las que más gustan a la gentuza y las que más rápido se propalan.

Sentí mucho su accidente, tuvo su cuasi James Dean, sólo que quedó paralítico. La promesa de la clase media baja en silla de ruedas. Lo imaginé, sonriente, optimista, con su soberbio peinado, riendo a Dios, perdonándolo por esa mala broma.

Pero ya sea por la melancolía adquirida, por el desinterés de los que antes le amaban, o simplemente por permanecer tanto tiempo en el mismo sitio, Fede cedió a la desesperanza, su agudeza y tacto de artista de las relaciones sociales se vio mermada por una paulatina y cancerosa visión del mundo exterior. Lo imagino escuchando algún disco de Elliott Smith, exigiéndole a la vida, medio iracundo y medio desfallecido, o tal vez escribiendo poemas de sangre que algún día la posteridad cobijará en su sagrado seno.

Donde quiera que estés amigo, brindo por esos tiempos, por esa soberbia nietzschiana al contestar a los profesores, por esa altivez juvenil y descaro que escupías con la mirada. Si llegas a leer esto, querido amigo, a tu memoria. Salud.




sábado, 6 de julio de 2019

La mariposa azul


Todos los hombres luchan por algo, o por lo menos Don Juan Pérez lo hacía. En calidad de supervisor de ventas, Don Juan era respetado en su trabajo, sobre todo por la rapidez y solvencia para resolver problemasde -Don Juan ¿pasa esta venta o no? ¿Si hay adeudo en el domicilio?- éstas preguntas eran frecuentes, y su orgullo era el producto de su trabajo- No Arturito, no pasa, por esto , por el otro- respondía.

Siempre usaba corbata, él sabía que los de su rango deben estar siempre presentables - ¿con qué indulgencia  cuenta usted para presentarse a los clientes con esa facha? espetaba a sus subordinados. Nunca llegó tarde al trabajo. podía presumir de su diligencia con y para todo, desde llevar los chilaquiles calientitos para la jefa de área, hasta llevar los zapatos lustrosos antes de pisar orgulloso el piso donde laboraba.

El fútbol, esa era su pasión, los partidos del mundial eran motivo de fiesta en la oficina, incluso se atrevía a desabrochar un botón de su planchada camisa- sólo por hoy- pensaba ruborizado, con la esperanza de que México calificara a los cuartos de final.

La comida. Nunca gastaba de más, sabía que si gastaba más de 50 pesos diarios no podía llevar chocoroles a sus hijos. Un lujo que no tuvo él de niño, pensaba orgulloso mientras se llevaba la mano al pecho cada vez que se le exaltaba el corazón. Por supuesto que se permitía su coca cola de lata. Una aliciente, un  premio, un privilegio para él, que socarronamente abría como trofeo.

Su esposa. La ingrata lo dejó por otro. Hay momentos en la vida en que la vista se nubla y hace a los hombres honestos cometer pendejadas. Ella se hartó de su prontitud, de su "hacer bien las cosas", incluso cuando se atrevía a emborracharse cuidadosamente con tres cervezas, ¡vaya soltura de hombre pensaba sobre sí mismo! Mientras inconscientemente su cuerpo ya estaba preparado para levantarse a las 6 en punto y listo para pedir los chilaquiles y presentarse pulcramente con el mismo pantalón a su oficina.

Su filosofía. Bien sabía él que sólo hay dos tipos de hombres: los que quieren salir adelante y los flojos que siempre se quejan de todo ¿cómo puede andar alguien por ahí manifestándose si no sabe lo que es partirse el lomo todo el día? El trabajo y el ejercicio hacen de los hombres seres humanos de bien, cavilaba profundamente mientras corría por la cuadra que estaba justo frente al deportivo. Solía correr todas las mañanas para cuidarse de las enfermedades que anunciaban en la televisión. Su decisión de hacer ejercicio fue resultado de una programa matutino en domingo sobre las enfermedades más comunes. Por supuesto que no fumaba, había leído en el periódico gratuito que el dinero tirado en cigarrillos en un año era una fortuna. Claro que no tenía una fortuna, pero tampoco la había perdido de esa manera.

Los hijos. Los hijos eran los hijos, estaban ahí. Iban bien en la escuela y pedían dinero. Eso era todo.

"2 de octubre de 2012"

Un hombre atolondrado por el alcohol y el thinner, sale en busca de la mariposa azul con la que soñó anoche. La neblina, espumosa, se va abriendo paso sobre sus ojos de gelatina, la siente con una temperatura de 2° a punto de convertirse en hielo. Su cabeza es el piso de asfalto, la multitud se mueve como un trenecito de feria. Sus manos, a diferencia del resto del cuerpo sudan y tiemblan por momentos. Apenas si recuerda qué día es hoy, de dónde salió y a qué va. Sólo espera encontrar esa mariposa azul, que se postró en sus ojos instantes después de mirar al sol. El sueño es perturbador, pues en las cabezas más hoscas confunde el cuerpo con la luz y el aire con la respiración. 
Las moscas son moscas, para después convertirse en monstruos gigantescos. ¿Dónde está la puta mariposa?- grita o cree gritar, va por el parque, no ve nada, sólo rostros desfigurados de seres enfundados en sí mismos. El sol apenas balbucea sus rayos de luz. Huele a movimiento, el aire que respira se hace más pesado, y la luz comienza a fastidiarle. Siempre ha preferido la obscuridad, incluso en su casa no hay electricidad. De la cremallera de su chaqueta siente un puñal, el que siempre carga junto con su crucifijo, que le dio su jefa antes de lanzarse al carajo.
Cree ver algo en el aire que se mueve con la delicadeza de una mariposa. Yerra, pero en un segundo intento lo clava sin querer en el ojo de un hombre. Un hombre que al momento de las pesquisas policiales contaba con una tarjeta  que decía "Supervisor de ventas" y 50 pesos en el bolsillo. Padre de familia y un buen hombre. El otro nunca vio a la mariposa de sus pesadillas, pero una falena lo visita cada tarde en vigilia. Se postra en la celda que lo resguarda de la sociedad hasta el día de su muerte. La observa de vez en cuando y parece hablarle a lo lejos, y cuando intenta atraparla, el oficial de vigilancia siente que le hierve la sangre, justo lo necesario para apalear al recluso.

Deus Ex Machina: El primer policía que llegó traía sonando Big Man With a Gun a todo volumen en su patrulla. El gendarme remató al herido, después se llevó al pobre diablo al ministerio público. Se ganó su medalla de Policía Honorable.

sábado, 9 de junio de 2018

Quiero ser un árbol

Siempre que entraba a algún lugar público, los demás se exaltaban, era  como si llegara un hedor a marranos, pero no era su olor, sino su sola presencia. Portaba un sombrero raído por los años, y unos modestos zapatos que mandaba a arreglar de vez en cuando con el zapatero de la colonia. Su semblante es de lo más común, como la acera que cruza diariamente para saludar a su amigo.

La semana pasada fue a visitarlo, un viejo conocido que fue testigo de sus pensamientos y aventuras más osadas. El viejo amigo siempre estaba ahí, escuchando, con la cabeza de un lado a otro según el humor de los vientos . El "amigo" como él le llamaba, siempre cuidó de él; incluso una vez le salvó la vida, cuando uno par de bribones se acercaron a él con navaja en mano y los ojos del Diablo en la frente. Él se escondió en el hueco de su amigo, sí, su amigo es un árbol, que está ubicado en el parque que da a su ventana.

Se saludaban todos los días, sin importar las circunstancias. Las pláticas eran tan intensas como serenas. Algunas veces platicaban sobre el estado del clima, otras sobre política y religión, éstos últimos temas enfadan un poco al "amigo", porque no puede comprender cómo los seres humanos no pueden echar raíces y quedarse ahí, viendo el tránsito mundano mientras el sol seca las hojas, después de una brisa.

-¿Qué cauce tiene para ti el río de pensamientos que fluyen como sangre a través de tus venas existenciales? ¿No es suficientemente religioso recibir el saludo diario de las parvadas que pasan diariamente por aquí? ¿Qué no soy yo tu mejor amigo y todo lo demás es superfluo y externo? Decía el "amigo".

Su andar era cabizbajo y vacilante, como si fuera a tirar un pase de larga distancia en un partido de fútbol, pero antes de patearlo se retracta y vuelve a tomar la posición correcta. siempre carga con su agenda y un pañuelo; no le gusta tirar papel en la calle y el pañuelo es además elegante.

Su avanzada edad le ha hecho comprender dos cosas importantes que rigen su voluntad y sus sentimientos en cierta medida: Los árboles son más inteligentes que las personas, y el sol siempre ilumina más a los vegetales que a los demás seres vivos.

En la escuela le enseñaron que no es posible comunicarse con el mundo vegetal, a no ser que sean meras correspondencias naturales, al igual que nos comunicamos con las cucarachas que merodean la cocina del hogar.

Su capacidad de comunicarse con los vegetales, fue creciendo proporcionalmente en relación inversa a su capacidad para comunicarse con los humanos o los animales. Sólo podía comunicarse con las cucarachas, que parecían guiarse hacia dónde él les indicaba con el dedo.


Incluso había perdido el toque elegante de quitarse el sombrero para saludar.Parece como si el viento se hubiera llevado todo el escenario de una época distinta, con personajes distintos, y hasta con telón distinto. El mundo había cambiado en un par de minutos, mientras él aún no se había puesto el traje para entrar en acción. Su desgracia, no era tal como la comprendemos nosotros, su llegar tarde, sino su llegar demasiado temprano y no saber qué hacer, que da lo mismo que llegar tarde. Tal vez se maravilló demasiado con el escenario, con las ínfulas de sus semejantes, y en su inspeccionar minucioso, se le olvidó girar la cabeza hacia atrás, donde ya no se estaba en el mismo sitio. Las cosas van más rápido de lo que pensamos, y cuando alguien dice que el futuro está cerca, en realidad se ha congelado su visión en el refrigerador de los recuerdos. 

En un abrir y cerrar de ojos, notó que ya no podía desplazarse, la gente pasaba sin notar si quiera su presencia, los múltiples brazos, eran ramas, y su amigo lo alimentaba sin descanso cada que despertaba, pero ¿dormía?, más bien soñaba, imaginando el espacio de tiempo en que los seres humanos han perdido el tiempo, robando, mintiendo, llorando, o muriendo como un mueble de madera, sin vida, vacío y ridículo.

El bautizo de la lluvia nocturna terminó por cumplir la transformación, llorando a través de su cuerpo, el agua caía lentamente primero, con violencia después, y un niño corriendo llega, lo abraza, lo protege de la lluvia, el niño le habla, coloca sus audífonos en su corazón de madera, suena "Singing to the Earth" de Apollo Sunshine.

El niño desea ser árbol, y viajar en el mar cósmico de la nada.


domingo, 19 de noviembre de 2017

No abras puertas desconocidas

Estaba yo en el cuarto pequeño. Es color verde, sin cuadros, sin nada, con la ventana cerrada. Mi miran un pato, un chino y un dragón de Komodo. Detrás de la mesa rectangular, ellos parecen inmóviles, de cera, sólo del hocico del dragón se escurre lentamente una pequeña gota de sangre, como de miel. Expresan la resolución de un alto mando militar, como si éste fuera a sacar la sopa de un desertor o traidor.

¿A qué he venido estimados señores? ¿Quién me trajo hasta aquí y con qué propósito? La pantalla de atrás indica: Región no normalizada. Ellos siguen mirando fijamente. No se mueven, parecen de juguete, pero no lo son, y el aire se torna cada vez más frío. Siento que sus miradas no son hacia mí, aunque no dejan de apuntar a mi rostro. Diez segundos después la pantalla vuelve a emitir el mensaje: Región no normalizada. Comienzo a sudar a pesar del frío. Mis manos dejan de responder a mi parte racional, comienzan a independizarse, a querer escapar, para abandonar al resto de mi cuerpo. La silla que me separa a un metro de la pared parece moverse también, como si estuviera montado en un caballo furioso. Vuelvo a preguntar ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Quiénes son ustedes? Mi mano derecha me traiciona y señala al pato, enseguida le hace una seña obscena. Nadie se mueve. La pantalla emite otro mensaje: Región actualizada. Ahora mis piernas quieren echar a correr, a pesar de mi firmeza mental.

El pato dice: Cuack, el Chino tose, y el dragón no se mueve. La gota de sangre comienza a secar en la mesa, porque hace rato que aterrizó ahí. Comienza a salir agua , se cola por la puerta, parecen no inmutarse, siento lentamente mis calcetines ahogados. El agua aumenta rápidamente, sólo el pato aletea rápidamente, para volver a su posición original. Como si la mesa fuera inmune al agua, no se mueve, y ellos tampoco, mi silla comienza a naufragar en el cuarto, y yo con ella . Ellos me siguen con la mirada escrutadora.

La pantalla emite otro mensaje: Canción , Aceptación, Revolución. Yo digo: Rock and roll. Inmediatamente, como si adivinase el acertijo, el pato salta sobre mi cabeza, mi picotea, hasta sangrar, y cuando comienzo a asimilar la violencia del ave, el dragón ya me está lamiendo la sangre, mientras el chino observa en posición de loto. El agua ha desaparecido. Comienza a sonar "Heroin" de Velvet Underground. Terminando el caos de la canción, desaparece el dolor. Ellos se han ido, y yo estoy solo en mi habitación, esperando que suene la siguiente canción. Esta vez dejo la ventana abierta, por si necesito respirar.


Comienza la siguiente canción. Se asoma un Zeppelin en forma de plátano por la ventana. Decido esperar, con más precaución. Alguien toca, dice tener un cargamento para el dirigible, que ya se ha estrellado en una esquina del cuarto, y veo cómo las llamas comienzan a destruir el fantástico artilugio. 



lunes, 7 de agosto de 2017

La lata del futuro


Una disculpa por mi prolongada ausencia. Estuve fuera del plano corriente, trabajando en un proyecto para el desarrollo de un producto que, a pesar de su propuesta revolucionaria en el mercado del rubro alimentario-entretenimiento, no vio a luz por los resultados nefastos de los experimentos finales.

Por medio del trabajo multidisciplinario, yo y mis compañeros trabajamos en desarrollar un producto que satisficiera no sólo el estómago del cliente, sino su calidad fisiológica y senso-motora, de manera que la experiencia al consumir el producto derivara en una nueva forma de consumo más integral, de tal forma que se experimentara, a intervalos variables, de acuerdo a la constitución somática personal, y experiencias propias lo que sintieron los acompañantes de Timothy Leary en sus más famosos viajes psicodélicos.

Como mencioné anteriormente, fue un trabajo multidisciplinario, y cada línea o equipo de investigación se especializó en su área, lo que conjuntamente dio como resultado, lo que los expertos en mercadotecnia nombraron como CAN.

CAN era una lata como cualquier otra, y se abría con un abrelatas corriente, ya que fue sugerencia de los expertos en psicología, neurociencias, psiquiatría, etc., pues coincidieron que era indispensable para activar las zonas primitivas del cerebro, de manera tal, que el consumidor experimentara una "sensación total". Esto en segundo lugar, ya que la primera experiencia era visual, porque la lata no tenía forma, ni dimensión concreta, mucho menos color definido, ya que la lata, a lo lejos, sólo era un vehículo que expresaba los deseos o temores más inmediatos; de tal suerte que había personas que confundían la lata con un rascacielos, o una escalera infinita, con movimiento interno, como una escalera eléctrica al cielo, o al infierno, según la persona. Otros sólo lograban verlas cuando alguien les comunicaba su presencia, de manera que su ceguera se convertía en una borrosa visión, de la que sacaban conclusiones extrañas. Es de señalar que, de este grupos de personas primero ciegas, eran generalmente instruidas, gente con muchos títulos universitarios y académicos.
Según los sociólogos, el grueso de la población que se sometió a la prueba sólo veía una lata común y corriente de Sopa Campbell, como las de Andy Warhol. Al parecer estas personas eran grandes consumidores, y  estaban a la última moda de los smartphones. Por otra parte, la experiencia táctil también era distinta, y hubo persona que decían quemarse al tocar la lata, mientras otros decían que les era imposible asir una, porque la lata se escurría como renacuajo en las manos.

Cabe destacar que el número de personas que participaron como voluntarios en el experimento fue notable y significativo, e incluyó gente de todos los estratos sociales, edades, así como de culturas distintas. Razón ésta de medir el impacto de la experiencia en poblaciones con experiencias y modos de vida totalmente distintos.

De todas estas complicaciones, surgió la idea de crear unos "lentes" de modulación de la experiencia, logrando con éstos una "Interpretación estándar" con forma y sentido del producto. Sin embargo, surgen siempre variables imprevistas, propiciando que el objetivo original del experimento termine por desviarse y salirse de control.

En mi célula de investigación, comandada por la Dra Alma Villalobos, y en trabajo conjunto con el escritor Tsutsui, nos dimos a la tarea de diseñar el concepto del producto en fase intermedia, un concepto prediseñado que constituía la materia prima sobre la que se explayaría el consumidor, de acuerdo a sus propias experiencias personales.

La Dra Villalobos fue enfática en canalizar las emociones al nivel microrelato, con formas táctiles, olfativas, visuales y auditivas, de tal manera que el consumidor creaba su propia historia a partir de un microrelato prediseñado, elegido al azar de un suculento plato de historias legendarias, que incluía fragmentos amalgamados de obras de Dostoyevski, Walser, Kafka, Meyrink, y muchísimos autores consagrados. Todos ellos seleccionados minuciosamente por la doctora Villalobos.

El escritor por su parte, agregó que sería indispensable una dosis suministrada vía olfativa de la planta del Olvido que encontró en el Planeta Porno. Planta que en su estado natural hace olvidar todo al que la roce levemente.

Mi tarea consistió en seleccionar la música que sería el trasfondo al momento que la lata se abría, y al momento del desarrollo del microrelato. Al ver que los expertos en mercadotécnica ya habían puesto nombre a la lata pensé que  la discografía completa de CAN sería el soundtrack prefecto que se amoldaría a cualquier circunstancia dentro de la sensación experimentada.

Lo resultados fueron nefastos, y a pesar de la nobleza de nuestras intenciones los resultados mostraron que no todos están preparados para tales experiencias, y como muestra de ello, fuimos testigos de la muerte súbita de dos personas con sólo abrir la lata, mientras que otros terminaron en el manicomio, con trastornos similares a los que quieren iniciarse en las artes mágicas antiguas y sólo consiguen vislumbrar el fuego eterno, que todo lo consume, por más que se huya de él.


Espero que el proyecto se materialice para bien, y todas las personas tengan acceso a su lata de CAN. Por el momento el proyecto está en la congeladora, mientras se resuelven los asuntos legales por las muertes y los trastornos adquiridos de algunos participantes. Por ahora, mis colegas y yo preferimos no hablar más del tema,  pero se planea desarrollar una máquina generadora de íncubos y súcubos que puedan viajar a través del tiempo, así como el desarrollo de teléfono-personas, que sean capaces de proyectarse en la realidad finita y trabajar en lugar del propietario. Estamos muy entusiasmados. Estaremos informando en cuanto las circunstancias lo permitan.