lunes, 16 de abril de 2012

Con esta música habría menos sicarios

En un país donde no se lee, las consecuencias son desastrosas. Según las encuestas en México, no se leen ni tres libros en promedio al año, unos dicen que porque los libros son caros, otros que no hay un fomento adecuado a le lectura, pero ¿y las bibliotecas? tenemos en la ciudad creo, bastantes bibliotecas que ofrecen servicios de calidad, el último ejemplo es la tan criticada (vaya paradoja ) Biblioteca Vasconcelos.

Si no se lee, en el plano musical, la cuestión es igual de triste, basta con salir a la calle y darse cuenta de quiénes estamos rodeados, sus gustos son limitados a lo que las cadenas más poderosas de radio y televisión promueven, es decir, el sentido crítico está prácticamente minado. 

Esto no es nuevo, entre las gentes de todas las edades y niveles socioeconómicos, la cuestión varía poco. Los que monopolizan el llamado capital cultural, son unos cuantos (obviamente), que guardan celosamente su acervo, y además están conectados por vínculos cuasi-hereditarios, por eso no es raro que el hijo o la hija de tal persona notable, ocupe en un futuro el papel de sus padres.

Se podrá decir que en nuestro país, una persona tiene que trabajar mucho para mantenerse a él (o a ella) y a su familia, y por lo tan to no tiene tiempo para actividades lúdicas o artísticas. Pero parece que la televisión con sus niveles de rating  en los peores programas, desmiente tal afirmación.

Lo que más preocupa es que tales personas se pierden de muchas cosas que sin duda cambiarían su percepción, en un sentido amplio. Uno de esos discos que para mí tienen ese nivel  es Agaetis Byrjun (1999) de la banda islandesa Sigur Rós.

Cuando salieron a escena, la misma Björk sintió que le iban a tumbar su lugar privilegiado, porque la calidad de esta banda es indiscutible, capaz de elaborar pasajes memorables, que se incrustan hasta en los sueños del escucha. No sé si a esto se le pueda llamar rock, pero sin duda son composiciones que denotan el alto nivel musical con que cuentan los miembros de la banda, y merecen estar en el lugar privilegiado de las mejores bandas de los últimos tiempos, o sea en los últimos 10 años.

Para los que dicen que sólo escucho bandas viejas y anticuadas de viejos amargados, aquí está mi respuesta.


domingo, 8 de abril de 2012

Ahí les va un peso pesado de todos los tiempos

Siempre que voy a una fiesta empiezo animado, con ganas de acabar con todo el alcohol que se anteponga en mi camino, y de pasarla bien, pero últimamente esas fiestas terminan por decepcionarme, y la cruda me arranca de un manotazo la efímera felicidad de estar ebrio. Pero no es por eso que me decepciono,sino por la música. Cuántas veces he ido a casas donde en un principio te dejan seleccionar buena música en la computadora, en un ambiente donde todos, o casi todos, participan poniendo rolas, pero qué pasa, que llega alguien con pretextos como: hay que poner música para bailar, o peor aún, pongan rolas que "nos gusten a todos", y ahí vale madre la diversión.

Cuando empiezan con el reggaetón, la música grupera, la salsa, poco a poco me voy sintiendo más extraño, y es cuando todo se empieza a poner de la patada. Es muy triste ir a fiestas donde siempre ponen esa música, como si el universo musical fuera tan estrecho que a huevo hay que poner "música para bailar", o cuando ya están todos "pedos", se les ocurre poner rolas tipo José José, y similares. Es aún más cómico y triste, cuando conoces a alguien que comparte más o menos tus gustos, pero cuando ponen algo de aquélla música aquél es de los primeros en cantarlas. Ese tipo de personas son los más hipócritas, los que dicen: a mí me gusta de todo, como si el hecho de escuchar "de todo" nos eximiera de la ignorancia musical, o nos hiciera más "sabios". Claro está, que para criticar algo hay que conocerlo, los prejuicios son igual de dañinos, por eso no es correcto hablar por hablar; yo lo digo porque conozco esa música (quién no la conoce), no me llega, no tiene sentido alguno para mi, es un guateque vulgar y ya.

Sé que soy un amargado más que nunca aprendió a bailar, de hecho estoy agradecido con la fortuna por no haber aprendido, me sentiría avergonzado si lo hubiera hecho cuando escribo de esta manera. Pero también creo que este celo que guardamos las personas por la música que compartimos, es lo que la mantiene con ese halo pulcro, que a pesar de tiempos y modas sigue cautivando a los que no se conforman con lo que todos escuchan.

Uno de esos discos que se mantienen en la categoría de la inmortalidad es "Electric Mud" (1968) del mítico, legendario Muddy Waters, quien es una institución en lo que se llama blues, en su vertiente del sonido Chicago. Este disco es especial, porque Waters se metió con la onda psicodélica y tocó una rola de los Rolling Stones, pero a su estilo, entre otros covers más. No hay que decir mucho acerca de este cabrón, es un genio. A disfrutar señores.

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lunes, 2 de abril de 2012

¿Quién dice que las chicas no saben rockear?

Hay tantas bandas que quiero recomendar en este humilde espacio, que se atiborran todas en mi cabeza hasta que se vuelve difícil discernir correctamente. 

Para tratar de variar un poco el asunto, ésta será una entrada sobre algo extraño, de música totalmente inclasificable, que raye en la locura y lo escandaloso, por lo menos en el sentido musical expresado.

A vece me pregunto ¿hay música bien hecha y música hecha con las patas? creo que depende más de nuestra percepción sensorial, del gusto adquirido por el tiempo y claro de nuestra ignorancia.

Esto lo digo porque hay un disco especial (grabado en 1969), único, emblemático de la contracultura en todos los sentidos, barre con las reglas mínimas para hacer música, es caótico, delirante y hasta chistoso, los punks están en pañales a su lado. Lo hicieron tres hermanas, que a decir de su padre, iban a ser famosas con su grupo musical, porque una bruja lo vio en su bola de cristal, incluso antes de que nacieran las hermanas. Con ese éxito musical que auguraba el padre, metió a las tres chicas en un estudio de grabación, para que mostraran al mundo sus dotes musicales, por supuesto que la idea del padre fue genial en este punto y hasta una muestra de afecto y amor inigualable, porque la fe en sus mujeres fue imbatible. Sólo que había un pequeño  problema: ninguna de las tres tenia la menor idea musical.

Lo que diga sobre ésta música se queda corto, cuando lo escuché por primera vez me quedé confundido, después me gustó, ahora es de mis favoritos. Podemos encontrar aquí reminiscencias de lo que sería el punk más lo-fi, ecos de lo que significa lo indie, y lo más importante y lo que podría considerarse como su mayor aporte, una total falta de respeto hacia la música misma. 

Hay de dos para quien escuche esto, o me manda a la chingada o me felicita, no habrá indiferencia. Hasta la fecha no he escuchado algo más iconoclasta, más subversivo y caótico, un verdadero pastelazo a todos, porque ¿quién decide qué es bueno en el rock? A la chingada, aquí tenemos una muestra de algo hecho con sinceridad, con honestidad, lo que muestra  un aprecio hacia la humanidad, claro está de una forma extraña y ambivalente.


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sábado, 24 de marzo de 2012

Esto es rock de señores, niños abran paso

El llamado britpop fue un etiqueta inventada no hace mucho tiempo por  periodistas de revistas especializadas para designar a un cierto sonido, que indudablemente sólo puede venir de esas tierras frías y lejanas del viejo continente. Pero también es una etiqueta superflua, con fines comerciales bien definidos. Sea lo que sea, lo cierto es que el rock y el pop británico gozan de buena salud. Desde los primeros guitarrazos de bandas como The Beatles, Herman's Hermits, The Dave Clark Five y muchas otras, allanaron el camino musical, con actitudes, con clichés musicales, que hasta ahora sorprenden por su finura, en comparación con sonidos alógenos.

La llamada "invasión inglesa" es el epítome de un sonido característico, orgulloso de sus orígenes, vetusto y singular. 

Regularmente a The Beatles se les atribuye la mayoría de los créditos, pero yo me inclino más por The Kinks, porque considero que sentaron las bases más delineadas de los fundamentos artísticos y musicales del sonido británico, no sólo inglés.

The Kinks son a mi parecer, una de aquellas bandas que nunca hicieron un disco malo, o por lo menos detestables, tienen canciones "medianas", pero no malas. Es difícil elegir un álbum de entre tantas maravillas que han producido, pero me decido por "Muswell Hillbillies" de 1971, un álbum único que no se parece en nada a sus trabajos anteriores, paradójicamente, este disco no suena a britpop.

Este disco es una mezcolanza bien lograda de música de cantina, de country, y por su puesto la esencia británica del pop. Alguien acostumbrado a lo más british de ésta enorme banda, sin duda no lo creerá. Con una especie de tributo-sarcasmo a la clase obrera del norte de Inglaterra, los hermanos Davies dan muestra de su genialidad tanto en la composición de las letras como en la musical. La monotonía de la vida común que llevamos muchos, la bajeza de nuestros gustos y un gusto bárbaro por el alcohol en cantidades insalubres, y muchas cosas más que sólo concierne a los simples mortales como yo, trata el álbum.

Mi felicidad es enorme al compartir con usted estimado lector, un álbum de alcurnia legendaria, de primer nivel, que a los amantes del rock and roll más rudimentario hará felices.

 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Las tentativas humanas de dominio son tan prolongadas como un rayo de luz

La desesperanza es uno de los factores necesarios (que no el único) para la tragedia, pero también para la inutilidad, o sea la paz. En la primera significa un acto desesperado por cambiar un estado de cosas, mientras que el segundo implica la resignación, la abnegación en el mejor de los casos.

La música de Tool, suena a las dos caras de la desesperanza, a la activa y a la pasiva, la que quiere volar los cimientos del statu quo y la que quiere quedarse sin hacer nada porque sabe que los resultados serán prácticamente los mismos.  

El temblor que acaba de sacudir a esta mugrienta ciudad nos recuerda lo vulnerables que somos, son ilustrativas las tomas desde los helicópteros, que nos muestran como hormigas, que hagamos lo que hagamos el desenlace será trágico, aunque esta vez no hubo daños mayores, la próxima vez será sin duda terrible. Recordemos que los expertos en sismos dicen que vendrá uno que ni Dios padre podrá detenerlo. Esta visión "trágica" del mundo se corresponde perfectamente con la música de Tool.

El álbum que los llevó a la popularidad de ciertos sectores de la música independiente y "alternativa" fue Aenima (1996), y contiene letras tenebrosas, porque se inmiscuyen en temáticas obscuras y en tabúes de los que nadie quiere hablar, pero no lo hacen con el fin de escandalizar, sino porque lo toman como un "ritual exfoliante", de limpieza mental y espiritual (de ahí el título del disco).

Pero lo que más llama la atención de la banda es su música, que remite al progresivo de los 70's sin perder el sentido de innovación que los caracteriza, la guitarra es escandalosa, soberbia, lo mismo que los sonidos producidos por la batería. Los bajeos son densos y la voz de Keenan es perfecta, jugando con las atmósferas delirantes, angustiosas.

Tool es de aquellas bandas de las que nadie puede decir algo en contra, son perfectos músicos, son innovadores y se han dado el lujo de tocar al lado de verdaderos baluartes de la música contemporánea como King Crimson.

Este disco a decir de los que saben de estos sonidos, es una cátedra de experimentación, de equilibrios entre el rock duro, el llamado progresivo y la genialidad absoluta. Señores estamos ante una banda a decir de muchos conocedores fue la mejor de la década de los 90’s. A estas alturas ya es una grosería que alguien no conozca su música, de cualquier forma quería dedicarles un pequeño espacio, porque cuando los escuché por primera vez, mi perspectiva hacia la música en general, cambió totalmente.
Estimados lectores este disco viene en dos partes.

 

domingo, 11 de marzo de 2012

Limitémonos por el momento a los clásicos, lo demás va y viene

Alguna vez en Inglaterra, por sus calles era frecuente encontrar paredes que rezaban así: "Clapton is God", debido a su técnica, capaz de sacarle sangre a la guitarra eléctrica, pero sabemos que tal alias le corresponde a Don Jimi Hendrix, aun así, Clapton siguiendo los estatutos del blues más ortodoxo, le dio al rock una perspectiva diferente sobre todo cuando fue miembro de Cream, una banda poderosísima que a decir de los que saben, fue de los primeros grupos "pesados", despejando un sonido que encuadraba bien con las turbulentas ideas juveniles de los tempranos 60's. Antes de dedicarse a causar lástima en su carrera como solista, fue también miembro de The Yardbirds y Blind Faith, entre otros grupos de renombre. 

En una fugaz colaboración con unos de los pioneros de la versión inglesa del blues, y me refiero al señor John Mayall, dejó en claro que a la guitarra eléctrica le fue confinada la tarea de estallar los oídos de millones de jóvenes inconformes con lo hasta entonces escuchado. El disco, o mejor dicho, la obra maestra, se titula "Blues Breakers with Eric Clapton" (1966), banda que lidera hasta la fecha el nombrado John Mayall, quien es un referente inmediato para comprender el desarrollo del rock de los 60's. Entre covers y temas propios, estos genios dejaron el santo testimonio de una de las mejores facetas del rock de aquellos años.

Dicen que antes de que el blues y sus derivados se popularizaran en los EE.UU., ciertos grupos y personas vieron con desprecio esa música tan rica, pero gracias a los ingleses, el blues se reivindicó como música del alma, de raíces. Eric Clapton al igual que muchos músicos ingleses de principios de los 60's, encontraron en la música estadounidense la materia prima para explotar ideas musicales, vinculándolas con la llamada contracultura, que emergía desesperada, tratando de librase del yugo de la hipocresía moral de sus respectivas sociedades.

Prestemos pues nuestros oídos a un álbum monumental, de carácter tradicional pero innovador a la vez. 


 





sábado, 3 de marzo de 2012

Honor a quien honor merece

No hay duda de que los líderes actuales o las personas más "notables", por lo menos en México, son las personas menos adecuadas. Y no me refiero sólo a líderes políticos, también a los que deciden qué es y qué no es digno de considerarse como artístico y como legado cultural, que implica una aportación al desarrollo de la comunidad o de un país. Esto lo digo por el reciente homenaje a un señor llamado Roberto Gómez Bolaños, quien bien se sabe, es el responsable de crear bazofias cómicas como El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, entre otras más que para cualquier ser pensante, representan la cúspide de la pobreza intelectual, moral y cultural del México urbano.

No me explico como alguien tuvo la ocurrencia de homenajear a semejante persona, tal vez en unos años, cuando este señor deje de respirar le dediquen una estatua, lo que no descarto ni por un momento, ya Alex Lora tiene la suya.

Espero no se me acuse de malinchista, y se me diga que en muchos países gustan de tales programas creados por el señor Bolaños, como si el gusto a nivel internacional fuera el referente para definir la calidad de algún producto artístico, o de entretenimiento. 

Como siempre, en México ha nacido gente talentosa, pero precisamente por ello tienden a ser relegados a otro plano, o emigran a otros países donde su trabajo puede ser desarrollado con menos limitaciones. Uno de los grandes genios que hadado este país en cuestión musical se llama Juan García Esquivel. Su legado es tremendo, muchos le dicen el padre del lounge, su música es barroca (en el sentido más amplio, no en el sentido del arte barroco que definió una época), ambiciosa, ilimitada, porque parece que los sonidos salen de todas partes.

Este disco que puede usted escuchar, se grabó en 1958, pero la explosión de colores es incesante, se renueva, el tiempo no pasa para esta música. La cantidad de sonidos es realmente demasiada, como si no hubiera espacio para nada más, pues Esquivel tenía la virtud de convertir el espacio sonoro en un festín, que va desde jazz, ritmos latinos, mambo, y lo que fuera, bajo la óptica experimental, no sólo en arreglos complicados, sino en técnicas de grabación.

La primera vez que escuché a este genio fue con un disco de vinilo, titulado "Disco Aventura: Odisea Burbujas" del que Esquivel compone la gran parte de la música, y que fue el resultado de la visión musical de él mismo sobre el programa infantil que estaba bastante pacheco.

Este disco es asombroso, como toda la música que compuso el señor Esquivel, pero tal vez sea uno de los más experimentales, y por lo tanto más sorpresivos. 

Si lo que busca estimado lector, es algo novedoso, de calidad, y sobre todo meticuloso y sesudo, pero sin perder el carácter festivo, este disco es el adecuado.