sábado, 18 de febrero de 2012

Hay de ruidos a ruidos

En estos días fríos y melancólicos no me surge mejor grupo para musicalizar que Ride. Su sonido recuerda los guitarrazos de My Bloody Valentine, tan melancólicos como desgarrados, reduerda a la demencia ruidosa de Jesus and Mary Chain, pero también algo a The Cure de la primera época ochentera por su aparente obscuridad. Nowhere (1991) se titula su disco más emblemático y trabajado, que presenta un sonido poderoso, verdadero noise y voces fantasmales, con remembranzas a Sonic Youth.

Recordemos que en esos años Nirvana y toda la camada de grupos de sonido similar se apropiaron de la "escena musical", mientras que los británicos ya preparaban la música futura. Antes que Oasis y Blur, grupos como Stone Roses, My Bloody Valentine, Happy Mondays y por supuesto Ride, planeaban asaltar la escena de la música independiente con sonidos nuevos e intrigantes.

La esencia de la psicodelia y la brillante visión inglesa del rock dieron como fruto este tipo de grupos. Moldeados en su mayoría en la vieja escuela, alimentaron su sonido con las posibilidades tecnológicas de la época. 

Si usted estimado lector, es fanático de las guitarras omnipresentes, que atiborran todo con su rasgueo incesante, no se decepcionará de este álbum, pero también para los amantes de sonidos melancólicos, esos sonidos que evocan el pasado que nunca vivimos, o si lo vivimos nos cuesta trabajo revivirlo sin reproches.

De pilón, la portada del álbum es grandiosa para escuchar su música, simple, pero sugerente, como si el mundo fuera de un solo color, del que sus matices desmienten la aparente homogeneidad.


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